lideres papel pies barro

LIDERES de PAPEL con PIES de

BARRO

LIDERES de PAPEL con PIES de

BARRO Serafín Contreras Galeano

Ministerio Renuevo de Plenitud

Líderes de papel con pies de barro Serafín Contreras Galeano Dirección: Correo Argentino - Casilla Postal 25 (1642) San Isidro (BA) Argentina E-mail: [email protected] Edición de autor Corrección y edición: Laura Bermúdez - http://www.aljabaproducciones.blogspot.com Diseño de interior y tapa: [email protected] ISBN Nº 978-987-05-9986-9 © 2011, Serafín Contreras Galeano Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del autor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446. Hecho el depósito que dispone la Ley 11.723. Impreso en la Argentina. A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas fueron tomadas de la Santa Biblia Reina Valera, revisión 1960 © Sociedades Bíblicas Unidas, y de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® Copyright (c) 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation. Usadas con permiso. Esta primera edición de 1.000 ejemplares fue impresa en Grancharoff impresores, Tapalqué 5868, C1440AET, Capital Federal, Argentina en el mes de enero de 2011. Contreras Galeano, Serafin Líderes de papel con pies de barro. - 1a ed. - San Isidro : el autor, 2010. 136 p. ; 20x14 cm. ISBN 978-987-05-9986-9 1. Liderazgo Cristiano. I. Título CDD 262.1

Dedicatoria

D

edico este libro con todo mi corazón: A mi esposa Alva quien, además de ser mi esposa, es mi amiga, confidente y compañera a lo largo de más de cuarenta años de ministerio. A mis tres hijos: Gary y su esposa Andrea, Grismar y su esposo Scott, y Rebecca y su esposo Bob, quienes me han enseñado a ser padre y me han apoyado en el ministerio. A mis nietos Jonathan, Andrey, Logan y Olivia, quienes vinieron a alegrar mis años en la etapa de abuelo. A las cinco iglesias en Venezuela donde pastoreé por veintiún años, quienes me enseñaron lo esencial del pastorado. A mis mentores Edgar y Darlene Coombs, Dorothy Buck, Irwing y Florencia Espeseth, Loren y Cheilon Edwards, Leslie y Gary Royer, Don Mc Gregor, Jack Hayford, Leland y Barbara Edwards, quienes directamente formaron mi vida. A Foursquare Mission International con quienes he trabajo por más de veinte años como Misionero asignado a Centroamérica, como Coordinador Regional de Misiones en Centroamérica, como Representante para América Latina y, últimamente, como Misionero de Área para el Cono Sur. A las Iglesias Cuadrangulares de Venezuela y todo Centro y Sudamérica con quienes he compartido momentos difíciles y, a la vez, hermosos. Por su compañerismo y gran amor.

Acerca del autor

S

erafín Contreras Galeano es venezolano. De profesión radiodifusor. Fue Director de la Radiodifusora Cultural del Táchira, en Venezuela, durante diez años. Ha trabajado en radio, como Productor y Locutor, por treinta años. Se graduó de Licenciatura en Ministerio en el Seminario Cuadrangular de Venezuela, y de Misiones y Educación Cristiana en el Seminario ESEPA de San José, en Costa Rica. Es Bachiller en Teología de la Universidad Nazarena de San José, en Costa Rica; Master en Educación Continua en Consejería Bíblica del Master International Divinity School; Master en Ministerio del Master Divinity School College de Indiana; Doctor en Estudios Bíblicos en el Master International Divinity School de Indiana. Es miembro del Comité Ejecutivo de la Conferencia Mundial Pentecostal y de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos. Posee un Certificado en Ministerio a Matrimonios que Funcionan y Sexualidad Saludable del Light University de American Association Christian Counselors. Fue pastor por veintiún años en la Iglesia Cuadrangular de Venezuela; Misionero de Foursquare Mission Internacional por más de veinte años y, actualmente, es Misionero de Área para el Cono Sur. Vive, junto a su esposa Alva, en Buenos Aires, Argentina.

Índice Introducción........................................................................ 9 Capítulo 1: Líderes de papel con pies de barro y armaduras ajenas...................................................................... 13 Capítulo 2: De líderes moabitas a líderes abrahámicos............................................................................... 23 Capítulo 3: Líderes anhedónicos................................................. 35 Capítulo 4: Los líderes de papel olvidan la factura....................... 45 Capítulo 5: La negligencia en un líder de papel con pies de barro............................................................... 53 Capítulo 6: Se venden milagros… ¡mientras más caros mejor!................................................................................ 63 Capítulo 7: Entre apóstoles y apostolados................................... 71 Capítulo 8: El proceso del quebrantamiento en líderes de papel...................................................................... 79 Capítulo 9: ¿Dónde están los nazareos?....................................... 83 Capítulo 10: Yo no lavo esos pies................................................ 91 Capítulo 11: Tres cosas que pueden paralizar tu vida................... 99 Capítulo 12: Ester, mujer de fibra y alma.................................. 109 Capítulo 13: La última tentación.............................................. 117 Capítulo 14: De lo ordinario a lo extraordinario....................... 127

Introducción

U

n canto de adoración y alabanza se eleva cada día hasta el trono de Dios. Un canto que sale desde todos los rincones de nuestra amada joven Latinoamérica. Antes de llegar al trono del Padre, se une con el suave y oloroso incienso de alabanza que sale de la experimentada Norteamérica. Otro aroma de adoración surge de la histórica Europa, fundiéndose en lazos dorados con la adoración del enigmático Medio Oriente. De cada rincón, pueblo, caserío, impresionantes ciudades, selvas de concreto, surge un canto nuevo de adoración y alabanza, porque en todo el mundo se siente y se ve la manifestación de Dios alcanzando a pecadores, regenerando vidas, recuperando hogares destruidos, sanando cuerpos enfermos, liberando endemoniados, a través de la redimida y nueva Iglesia de Cristo. Los locales donde se reúne la Iglesia del Señor ya son insuficientes; allí, donde la Iglesia de Cristo hace veinte o treinta años era una minoría, el número ha crecido y ahora existe una impresionante representación cristiana en la comunidad. Cristianos ocupan puestos claves en las gerencias, municipalidades, asambleas nacionales y en el gobierno. El crecimiento de la Iglesia es notorio. Muchos tiemblan, otros se preocupan, algunos cantan y ríen al ver lo que Dios sigue haciendo, pero otros lloran. ¿Por qué? Lloran porque, junto con el crecimiento, las oportunidades doradas, la manifestación de Dios y la explosión de vida y gozo, sutilmente el enemigo de Cristo y de la Iglesia halló entrada en la casa de Dios y, con estrategia y maña, ha logrado que muchos Introducción

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hijos de Dios y ministros del Señor se desvíen del camino puro y correcto. Muchos lloran porque ven que se pierden principios y valores eternos; y porque ven que se ignoran las reglas básicas. Sí, seguimos pescando con métodos que no son malos, pero no son los originales. Y lo más triste es que muchos de los líderes no están entendiendo que el Espíritu Santo no es estático, sino muy dinámico. El Espíritu se mueve con rapidez, levanta vuelo a nuevas etapas y regiones, y espera que los líderes lo sigan. Muchos tiemblan cuando sienten que el Espíritu comienza a levantar vuelo. Se aferran a lo que saben, a lo que tienen, y no entran por la puerta que Dios ya está abriendo. Muchos han pasado sutilmente del liderazgo puro a convertirse en líderes de papel y pies de barro. Son de papel porque su énfasis está en lo que los papeles dicen de ellos, pero no hay estabilidad porque sus pies son de barro y en cualquier momento la caída puede ser aparatosa. Hoy, nuestro Señor y Rey, cabeza de la Iglesia y Príncipe de los pastores, repite la historia de Mateo 4, solo que ya no encuentra a los Santiagos y Juanes remendando las redes, sino ocupados en otras tareas que parecen importantes pero no son prioritarias; sus ojos se extienden hacia delante, allá están sus siervos, algunos contando peces, otros arreglando las barcas y engrandeciéndolas, adornando sus embarcaciones con colores, luces y cámaras; los de acá poniendo sillas acolchadas para hacer más confortable su trabajo en el barco, los de más allá anunciando un “método de pesca totalmente novedoso” e inaugurando el proyecto millonario de embarcaciones de pesca a propulsión; pero allá, colgadas en las cercas y resquebrajadas por el sol, están las redes; están rotas, unas con grandes roturas y, otras, con pequeñas pero camino a incrementarse.

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Los ojos de Jesús buscan a sus siervos y, en medio de una atmósfera indiferente y gritos de triunfalismo y éxito, su voz se levanta para decir: “Entra en la nueva dimensión de mi Espíritu”. Quiero plasmar en estas páginas, lo que creo que es el deseo del Maestro. Lo creo porque, al trabajar en el entrenamiento de pastores y ministrándoles en toda América Latina, lo he podido palpar de cerca. El deseo del Señor es la renovación de sus ministros. Si queremos ver una gloria más resplandeciente necesitamos anhelar esa renovación. No solo llora el Señor, sino muchos de sus siervos que se sienten impotentes ante las redes rotas; también lloran por la pérdida de la renovación plena las ovejas que han sido heridas. Lloran líderes locales cuando ven que las roturas aumentan. Quiera el Señor tomarte de la mano y llevarte en los próximos días a su renuevo. Mi oración es que estos capítulos puedan sembrar en ti el ardor candente de una transición en el Espíritu Santo. Dios no quiere líderes de papel con pies de barro, sino líderes de carne y hueso que saben depender ciento por ciento de Él y de su Espíritu. Serafín Contreras Galeano

Que tu oración y la mía sea cada día la misma de Nehemías cuando gimió así: Señor, Dios del cielo, Dios grande y terrible, que mantienes firme tu alianza y tu fidelidad con los que te aman y cumplen tus mandamientos; te ruego ahora que atiendas a la oración que día y noche te dirijo a favor de tus siervos… Reconozco que nosotros… hemos pecado contra ti; ¡hasta mis familiares y yo hemos pecado! Nos hemos conducido de la peor manera ante ti; no hemos cumplido los mandamientos, leyes y decretos que nos diste por medio de tu

Introducción

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siervo Moisés. Recuerda que le advertiste que si nosotros pecábamos, nos dispersarías por todo el mundo; pero que si nos volvíamos a ti y cumplíamos tus mandamientos, poniéndolos en práctica, aun cuando fuéramos esparcidos hasta el último rincón del mundo nos recogerías de allí y nos llevarías de nuevo al santo lugar que escogiste como residencia de tu nombre. Nosotros somos tus siervos y tu pueblo, que rescataste con tu gran poder y fortaleza. Te ruego, pues, Señor, que atiendas a mi oración y las súplicas de tus siervos, cuyo único deseo es honrarte. Te pido también que me des éxito y despiertes hacia mí las simpatías del rey. –Nehemías 1:5-11 (DHHBE)

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capítulo 1

lÍDereS De PaPel con PieS De Barro Y arMaDuraS aJenaS

A

l visitar los palacios de Londres y los palacios de los Reyes en España, uno queda impresionado por la majestuosidad, tanto de esos palacios como de los implementos inherentes a la época. Entre esos implementos quedé impresionado con las armaduras metálicas que usaban los caballeros. El primer pensamiento que viene a la mente es “cómo podían moverse con facilidad si esas armaduras, aunque los protegían, también les impedían la agilidad para momentos críticos, cuando una fracción de segundo podía ser fatal”. Reflexivamente vino a mi mente un pasaje que tiene mucha relevancia para el liderazgo cristiano de hoy que desea entrar en un ministerio auténtico. Estoy hablando de la ocasión cuando David se ofreció para enfrentar al gigante que día a día desafiaba tanto al pueblo de Israel como a su líder. Veamos el pasaje: Saúl vistió a David con sus ropas militares, le puso un yelmo de bronce en la cabeza y lo cubrió con una armadura. David se ciñó la espada sobre sus ropas militares y trató de caminar, pues no se las había probado antes. Entonces David dijo a Saúl: No puedo

LídeRes de PaPeL con PIes de baRRo y aRMaduRas ajenas

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caminar con esto, pues no tengo experiencia con ellas. David se las quitó, y tomando su cayado en la mano, escogió del arroyo cinco piedras lisas y las puso en el saco de pastor que traía, en el zurrón, y con la honda en la mano se acercó al filisteo. –1 Samuel 17:38-40

El liderazgo es vital en la conducción del pueblo. Los líderes necesitamos estar conscientes de que el liderazgo cristiano es muy diferente al liderazgo secular. Es diferente por la sencilla razón de que la conducción del pueblo necesita ser hecha con el modelo de Dios para los propósitos de Dios. David entendió que enfrentaría a Goliat no con su fuerza, su astucia o su experiencia, sino con la confianza puesta en Dios, entendiendo que de Él es la batalla. Saúl tuvo buenas intenciones, pero sus buenas intenciones –de prestar su armadura a David– podrían convertirse en un gran obstáculo para la realización de los propósitos divinos. Una de las grandes debilidades que continuamente encontramos a lo largo de América Latina es la fuerte tendencia en muchos ministros o líderes a querer hacer la obra del ministerio con armaduras prestadas. Cuando Dios comienza a usar de manera sobrenatural a hombres y mujeres, ya sea en el pastorado, en el evangelismo o en la música, hay con frecuencia una estela de líderes frustrados o emergentes que comienzan a colocarse la armadura de aquel que es usado por Dios, para copiar los modelos que, por lógica, son ajustados a una necesidad o a un encuentro exacto con Dios. Al recorrer los caminos del ministerio por más de cuarenta años he encontrado que definitivamente Dios tiene algunos elementos claves que los líderes no podemos ignorar, y esos son: 1. Dios ha creado ministerios únicos. 2. Dios ha desarrollado operaciones únicas.

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3. Dios considera situaciones únicas. 4. Dios tiene tiempos únicos.

Dios ha creado ministerios únicos Al crearnos Dios nos hizo únicos, no existe otra persona como nosotros. Él nos hizo y rompió el molde; Dios no hace clones. De la misma forma, Dios ha hecho ministerios únicos. Él hizo un solo Billy Graham, un solo Charles Spurgeon, un solo Jack Hayford. Si hubiese necesitado otro más de ellos lo hubiera hecho. Sin embargo, uno puede encontrar a lo largo de la historia de la Iglesia la proliferación de ministerios que fueron una burda y borrosa fotocopia de los ministerios únicos que Dios ha creado. Eso distorsiona lo que Él hizo en la vida de cada uno. Es común encontrar hoy ministros de música que hablan como algún líder o pretenden ministrar como él; o predicadores intentando ponerse la armadura de alguien muy reconocido, produciendo frustración en sus vidas y desencanto en el pueblo al que ministran. David dijo: “No Rey..., yo no puedo andar con esto. Esto fue hecho para usted..., a mí déjeme ser David”. Cada ministro necesita encontrar el ministerio que Dios le dio en forma personal, y jamás caer en el juego del extrañamiento; entendiendo por extrañamiento la tendencia a ser extraño a sí mismo por querer hacer lo que otro hace. Dios es original; en su originalidad sobresalta la creatividad. Es la gloria de Dios puesta en cada ser humano la que termina exaltándolo a Él. Como un pintor combina sus colores, de la misma manera, el creador combina su multiforme y multicolor gracia en cada uno de nosotros para revelar su gloria. Serafín Contreras Galeano

Líderes de papel con pies de barro y armaduras ajenas

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Cuando Dios llamó a Josué para conducir al pueblo de Israel le dijo estas palabras: Sucedió después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, que el Señor habló a Josué, hijo de Nun, y ayudante de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. –Josué 1:1-3

Dios le dijo a Josué: “Mi siervo Moisés ha muerto”, en otras palabras, “ya terminó un líder y te he levantado a ti para ser Josué, el líder de hoy”. Dios no llamó a Josué para ser una prolongación de Moisés, sino para que fuese Josué y, de hecho, lo trató a él como a un líder diferente. Quien no entienda que Dios lo hizo, lo llamó y lo formó como un líder único, detendrá la transición del Espíritu.

Dios ha desarrollado operaciones únicas Al recorrer la historia de la Iglesia nos encontramos con la realidad de que Dios ha usado operaciones diferentes. Sus métodos son distintos. Él siempre cambia sus métodos. Dios abrió una sola vez el Mar Rojo; una sola vez paró el sol a través de Josué; Jesús solo una vez invitó a Pedro a caminar sobre las aguas; y solo una vez fue al Calvario. A veces muchas de sus operaciones nos sorprenden porque van más allá de nuestros propios esquemas. Dios es tan creativo que se resiste a simplemente repetir esquemas. Él mismo lo dijo: “Yo hago nuevas las cosas”. Una operación de ayer, de pronto, ya no funciona hoy. Su creatividad va más allá de los límites estrechos de nuestra mente. Sin embargo, aunque entendemos esto, muchas veces tratamos de usar

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armaduras ajenas, intentando repetir operaciones que hoy ya no encajan. Uno puede gozarse en la historia de la Iglesia, al estudiar la manera cómo Dios operó ayer y, aunque tratemos de ponernos esa armadura, solo produciremos ruido; porque hoy, de pronto, ya Dios no quiere que usemos armaduras, sino que vayamos solos con una honda y unas piedras lisas. Es triste encontrar, en muchos pueblos de América Latina, centenares de Iglesias y de ministerios que lo único que pueden mostrar es su intento desesperado de repetir en su quehacer la operación de ayer que ya no encaja hoy. David dijo: “No, esto no me sirve, déjeme ir con mi método y mi estrategia; parecen sencillas, pero me siento cómodo con mi honda y mis piedras”. Las operaciones divinas me sorprenden porque, muchas veces, me hacen aparecer como un tonto. Como un tonto parecía David con una honda y unas piedras frente a un experto y bien armado guerrero. Como un tonto parecía Noé construyendo un arca; y como un tonto parecía Abraham listo a sacrificar a su hijo; pero lo que para el ojo humano parece tonto puede ser una operación divina fuera de la caja de nuestra incapacidad mental. Muchos movimientos del Espíritu parecerán no lógicos. Lo más hermoso del mover del Espíritu será preocuparnos menos de lo que la gente piensa y lanzarnos más y más hacia lo que Dios está impulsándonos.

Dios ha considerado situaciones únicas A veces las circunstancias de cierto lugar son tan especiales que Dios atiende a esas realidades de manera muy particular. Cada ciudad, cada pueblo, cada cultura no solo tiene su tiempo, sino también su situación muy propia. Dios entiende esas condiciones y decide derramar su poder demostrativo en respuesta a esa

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situación. El estado del pueblo de Israel, cuando estaba entre los egipcios como esclavo, era único; y Dios se movió a través de Moisés de una manera única, con plagas y otros movimientos muy propios de ese tiempo y situación. Dios sorprendió a Pedro mientras oraba mostrándole un lienzo y ordenándole tres veces que matara y comiera incluso algunos animales inmundos que Dios mismo había prohibido que se comieran. La sorpresa de Pedro fue grande cuando dijo: “Señor, nunca he comido algo inmundo”, y Dios le dijo: “Lo que yo he limpiado no lo llames tú inmundo”. Este caso, en el cual Dios parece contradecirse o saltar la barrera, en realidad, es un ejemplo de una situación única, ya que estaba preparando el camino para un encuentro único entre Pedro y un gentil, llamado Cornelio. Como siervos podemos intentar ponernos la armadura ajena, sin tomar en cuenta que lo que otro hizo estaba encuadrado en una situación única. Podemos forzar la armadura, pero siempre encontraremos que los resultados son totalmente diferentes. David dijo: “Oh, Rey, tu armadura fue exacta para las situaciones únicas que has vivido como guerrero, pero yo estoy viviendo mi propia situación única, que no se va a repetir; y esta situación exige que yo renuncie a tu armadura y que vaya contra ese filisteo con otras armas que encajan para esta situación”. Regularmente la historia de la Iglesia nos muestra cómo un movimiento único se institucionaliza para perpetuarse, pero queda solo la forma porque el espíritu ya no está; y todo por no haber entendido que ese fue un movimiento único. Los líderes necesitamos comprender que Dios crea, aprovecha o produce situaciones únicas cuando nos lanza a una transición ministerial por los senderos ocultos del valle espiritual.

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Dios tiene tiempos únicos Finalmente, encontramos que Dios tiene tiempos únicos. Cuando la Biblia habla del tiempo de Dios usa la palabras kayros, el cual significa “el tiempo preciso y determinado por Dios para algo específico”. El reloj de Dios es distinto al reloj nuestro. Si no discernimos los tiempos de Dios para este instante procuraremos repetir los tiempos anteriores con armaduras ajenas. El reloj de Dios es preciso, sus agujas pasan una sola vez, y luego se proyectan hacia otros tiempos específicos marcando su compás. David entendió que ese era el tiempo de Dios para él, para su ministerio. Saúl no entendió que el tiempo de Dios para su vida ya había terminado y quiso prolongar su tiempo a través de la armadura; pero David, quien discernía los tiempos, no lo aceptó y le dijo: “Déjeme a mí en mi tiempo, porque este es el kayros de Dios para mí”. La Biblia nos dice que los hijos de Isacar eran varones entendidos en los tiempos y que sabían lo que Israel debía hacer, y sus dichos eran seguidos por el pueblo. El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto. Charles Chaplin (1889-1977). Actor y director británico.

El tiempo en la música es determinante. El tiempo en el concierto de Dios también lo es. Como líderes necesitamos entender los tiempos de Dios; comprender que son únicos, y que hay oportunidades que son doradas. En ese tiempo no funcionarán las armaduras ajenas. La Iglesia del Señor y sus ministros estamos entrando en otros tiempos; son tiempos específicos de Dios. Acá, ahora, en este lugar, en esta hora, no necesitamos armaduras ajenas; solo

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necesitamos ejecutar, desarrollar y proyectar nuestros ministerios únicos, movernos en las operaciones únicas de Dios; encontrar, aprovechar y explotar las situaciones únicas; discernir, inquirir y tomar la honda y las piedras lisas en esos tiempos únicos sin desgastar nuestra energía, nuestra fuerza y nuestra visión metidos en armaduras ajenas. Cuando terminemos lo que Dios nos ha encomendado podremos enseñar a nuestros discípulos a encontrar su honda y su piedra, porque nuestra armadura ya se habrá oxidado, ya la habremos destruido; y simplemente les habremos enseñado que Dios no se mueve con armaduras ajenas. Entonces David dijo a Saúl: No puedo caminar con esto, pues no tengo experiencia con ellas. David se las quitó, y tomando su cayado en la mano, escogió del arroyo cinco piedras lisas y las puso en el saco de pastor que traía, en el zurrón, y con la honda en la mano se acercó al filisteo. –1 Samuel 17:39-40 Yo me las puse y no pude, mis pies se volvieron de piedra. Yo me las puse y no pude, mis manos quedaron sin fuerzas. Yo me las puse y no pude caminar con más destreza. Yo me las puse y no pude, y entendí que eran ajenas. Tomé en mi mano lo que era sencillo, simple y ligero. Tomé en mi mano lo que era firme y venido del cielo. Tomé en mi mano y marché con ligereza de ciervo. Y vi cómo él cayó de cara en el mismo suelo. No eran las ajenas las que funcionaban; eran las mías que Dios me daba; sencillas, sin apariencia, pero eran llenas de la gloria del cielo.

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Que Dios te ayude cada día a entender que un líder de papel con pies de barro siempre copia; pero el natural y espiritual es enseñado por el Espíritu en que no valen las armaduras ajenas. Dios crea nuevas armaduras, diferentes, insólitas y, a veces, incomprensibles, pero llenas de unción y gloria.

Reflexión • ¿Cuál es el ministerio único que Dios te ha dado? • ¿Ya has discernido las operaciones únicas que Dios está desplegando a tu alrededor? ¿Cuáles son? • Describe las situaciones únicas en las cuales te encuentras. • ¿Has discernido los tiempos únicos de Dios para tu vida y ministerio? Descríbelos.

Líderes de papel con pies de barro y armaduras ajenas

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capítulo 2

De lÍDereS MoaBitaS a lÍDereS aBraHÁMicoS

L

os líderes existimos para guiar y dejarnos guiar, especialmente ser guiados por el Espíritu Santo. Predicamos y enseñamos acerca de ser guiados por el Espíritu Santo, sin embargo, cuando llega el momento nos parece cuesta arriba y hasta no discernimos que nos está guiando. Por lo regular, la dirección del Espíritu de Dios nos introduce en cambios, giros inesperados y creación de nuevos escenarios. Recibí una mañana de La Carta de Panamá, la siguiente reflexión:

la gente que me agrada Me agrada la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que tiene que hacer y lo hace en menos tiempo de lo esperado. Me agrada la gente con capacidad para medir las consecuencias. La gente que no deja las soluciones al azar. Me agrada la gente que trabaja para lograr buenos resultados.

de LídeRes MoabItas a LídeRes abRaHáMIcos

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Me agrada la gente que sabe la importancia de la alegría. Me agrada la gente que piensa en el trabajo de equipo, entre amigos, ya que produce más que los caóticos esfuerzos individuales. Me agrada la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierde de vista que somos humanos y que nos podemos equivocar. Me agrada la gente de criterio y la que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. Me agrada la gente fiel y persistente que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideales se trata. Con gente como esta me comprometo a todo, así no reciba ninguna retribución, ya que con ser parte de este equipo me siento satisfecho. –Mario Benedetti Ciertamente, estamos viviendo una época muy importante en la historia de la Iglesia Latinoamericana. Existen dos tipos de líderes en América Latina, quizás en otros lugares también, pero quiero hablar de lo que más conozco. Están los líderes moabitas y los líderes abrahámicos. ¿Quiénes son? ¿Qué significa esto? Déjeme explicarlo. Dios está interesando en transformarnos de líderes moabitas a líderes abrahámicos.

Líderes moabitas Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor [sabor, conducta o entendimiento] en él, y su olor [término usado para los sacrificios a Dios] no se ha cambiado. Por eso vienen días [períodos], ha dicho Jehová,

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en que yo le enviaré trasvasadores que le trasvasarán; y vaciarán sus vasijas, y romperán sus odres. –Jeremías 48:11-12 (añadidos del autor)

¿Quién fue Moab? Moab significa en hebreo: “La semilla del padre”. Dicho en términos latinoamericanos esto es: “de tal palo tal astilla” o “igualito que su papá”. ¿Y quién fue el padre de Moab? Moab fue hijo de Lot, de su relación incestuosa con su hija luego de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Moab fue el ancestro de los moabitas. El principal defecto de los moabitas fue la arrogancia. No fueron dados a los cambios. La profecía está dirigida a ellos para sacudir su conformidad y su renuencia a cambiar. A muchos siervos les cuesta aceptar los cambios producidos por Dios, les es difícil aceptar las transiciones como venidas de su mano, y no culpar más a la gente o a las circunstancias cuando a la larga Dios está tratando con ellos para llevarlos de una dimensión a otra. El Señor quiere llevarnos de vasija en vasija para que nuestro sabor no sea el mismo y nuestro olor sea cambiado. Cuando Dios quiere producir un cambio en nuestra vida, primero trata con nuestro corazón, nos lleva a su Palabra, produce ciertas circunstancias sutiles alrededor de nuestro ministerio y comienza a hablarnos suavemente para llevarnos a un desafío de fe. Si no lo entendemos o, peor aún, nos resistimos por nuestra arrogancia ministerial, el Señor comienza a enviarnos trasvasadores los cuales no solo nos cambian de vasijas, sino que terminan rompiendo nuestros odres. Por eso vale la pena aprender a entender los tratos de Dios con nosotros, obedecer su llamado y no esperar que lleguen los trasvasadores, porque Dios es misericordioso, pero los trasvasadores no tienen misericordia. Los trasvasadores para Moab eran los ejércitos enemigos, los cuales

De líderes moabitas a líderes abrahámicos

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lo iban a conquistar y sacar de su tierra; pero detrás de ellos estaba la mano de Dios. Si Moab era hijo de Lot y el nombre Moab significa “la semilla del padre”, observemos por un momento la vida de Lot y encontraremos que, efectivamente, Lot también se negó a ser movido, no aceptó las transiciones, y Dios tuvo que usar trasvasadores para él. Dios, sin duda, trató con él a través de las circunstancias previas que rodearon a Sodoma y a Gomorra, para que por su propio pie saliera de esas tierras que estaban bajo juicio; pero Lot no entendió y sostuvo una resistencia pasiva con Dios. Dios en su misericordia le envió dos trasvasadores para sacarlo y moverlo a otra vasija; dos ángeles. Notemos en Génesis 19 la manera cómo estos ángeles tuvieron que tratar con Lot para sacarlo de allí: Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. –Génesis 19:15-16

Lot no entendió la transición de Dios para él. Y Él le envió trasvasadores, menos mal que ellos fueron trasvasadores de misericordia. Antes, en el capítulo 13 de Génesis, encontramos a Lot negándose a entender otra transición de Dios para su vida. En esta ocasión Dios usó otro trasvasador de misericordia y ese fue Abraham. Podemos encontrar que Abraham sí entendía las transiciones de Dios para su vida. Los líderes moabitas son los que resisten los cambios. Se niegan a ser dirigidos por el Espíritu 26 /

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Santo porque no disciernen que es el Espíritu Santo, y se aferran a lo conocido por no entrar a lo desconocido. Por lo cual se estancan en su desarrollo.

Líderes abrahámicos Subió, pues, Abram de Egipto al Neguev, él y su mujer con todo lo que poseía; y con él, Lot. Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro. Y anduvo en sus jornadas desde el Neguev hasta Betel, al lugar donde su tienda había estado al principio, entre Betel y Hai, al lugar del altar que antes había hecho allí; y allí Abram invocó el nombre del Señor. (…) Y el Señor dijo a Abram después que Lot se había separado de él: Alza ahora los ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, el sur, el oriente y el occidente, pues toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; de manera que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia podrá contarse. Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho de ella, porque a ti te la daré. Entonces Abram mudó su tienda, y vino y habitó en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí un altar al Señor. –Génesis 13:1-4, 14-18

Los líderes abrahámicos no se aferran a lo conocido, sino que entran en lo desconocido con una clara revelación del destino; por lo cual crecen continuamente. Que la transición del Espíritu nos lleve a ser líderes abrahámicos. Permíteme establecer un paralelismo entre estos tipos de líderes.

De líderes moabitas a líderes abrahámicos

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¿Cómo son los líderes moabitas? • Están en continua guerra con el cambio, en vez de vivirlo pacíficamente. Combaten continuamente con las transiciones en lugar de manejarlas efectivamente. Se anclan en el pasado y por ello se encuentran incapacitados para tratar con el cambio hoy. Todo cambio los asusta, los hace retroceder; el pasado les da seguridad. • Necesitan mantener el control. Los moabitas necesitan creer que ellos están a cargo de sus vidas y de las de otros. Complican sus vidas al punto que toman todo en sus manos para mantenerlo en línea. Tratan estrictamente con los asuntos externos de la situación sin mirar lo interno. La obsesión por el control puede llegar a ser más y más imposible de satisfacer. Luchan por el control de todo y de todos. • Manipulan lo externo como una respuesta al no poder manejar lo interno. Razonan: “Si no puedo manejar mis sentimientos internos, ya encontraré algo en el mundo externo que pueda cambiar y, seguramente, con eso echaré fuera mis sentimientos internos”. Lo externo es más fácil de manejar que lo interno, por ello su énfasis es lo externo. Imponen reglas, exigen y manipulan aun con lo espiritual. • Desconfían y sospechan de los demás. Ellos desconfían de todo y de todos. Creen que la vida y la gente están en contra de ellos y, por lo tanto, están siempre a la defensiva para evitar que les tomen ventaja. No saben confiar libremente en aquellos que los rodean.

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• Mantienen una desconexión espiritual. No es que no realizan cosas espirituales. Ellos pueden pastorear, predicar, ser líderes denominacionales, etc. Lo que pasa es que no entienden el significado espiritual de lo que están experimentando. No comprenden por qué Dios los está llevando por ese camino. Por lo tanto, lo analizan todo desde una perspectiva humana, sin entender lo divino. Lo pelean en el plano humano y dejan de conectarse con lo espiritual. Si pierden su elección en una Convención no piensan en que Dios les está dando un mensaje de que su tiempo ha finalizado, sino que cuentan los votos y culpan a otros de no haber sido elegidos de nuevo. • No tienen sentido de propósito y no entienden la revelación de su destino. Ellos eluden mantener una declaración de misión. No se preguntan: “¿Por qué estoy aquí?”; “¿hacia dónde Dios quiere que vaya?”; “¿terminó mi tiempo?” Nuestro sentido de propósito emerge de nuestra espiritualidad; si perdemos la conexión espiritual, el asunto del propósito en la vida pierde significado. • Culpan a otras personas y a las circunstancias de las situaciones en su vida. Cuando algo ocurre: “es la culpa de ellos”; “ellos me hicieron eso”. Juegan el papel de víctimas y culpan a factores externos. Ellos son reactivos no son proactivos. Los reactivos solo responden o reaccionan a las circunstancias, los proactivos hacen que las cosas pasen. • Se desconectan de sus sentimientos, especialmente los negativos. Ellos no desarrollan un hablar del corazón. Se levantan en familias donde las emociones fuertes no son

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aceptadas. Siempre dicen: “Yo estoy bien”. Les cuesta llorar en público y demostrar que tienen miedo o que están enojados. • Tienen pensamientos rígidos. Para ellos todo es blanco o negro, no hay terrenos intermedios. No aceptan la vitalidad ni la frescura de ideas. Se oponen a la renovación. Jamás se atreven a tener una mente abierta. Sus creencias son las únicas y juzgan muy rápido lo que no encaja en sus paradigmas. • Manifiestan con frecuencia actitudes negativas. Piensan lo peor de cada situación. Son frecuentemente pesimistas. Cualquier nueva experiencia la ven como algo para examinar y tener con mucho cuidado. • No aceptan los sistemas de apoyo. A menudo ellos son solitarios. Si tienen amigos, son aquellos que comparten lo que ellos creen y piensan. No tener sistemas de apoyo puede ser devastador especialmente en tiempo de crisis. Un sistema de apoyo es un grupo de personas que nos rodean, ante quienes nos hacemos vulnerables, listos para oírles, que pueden amarnos y, por lo tanto, corregir. • Pierden el balance y sentido de orientación. Ponen énfasis en lo externo y poca atención a las relaciones, la esperanza o crecimiento interno. Van de un extremo al otro y no saben mantener la orientación de sus vidas, por eso comienzan muchas cosas y no terminan ninguna, y quienes los rodean pueden sentir gran confusión.

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¿Cómo son los líderes abrahámicos? • Son personas que crecen vigorosamente y florecen en medio de todas las circunstancias. • Están atentos a lo que ocurre tanto interna como externamente. Crecen continuamente en cada circunstancia. Cada transición es una escuela para ellos. El crecer lo toman como un compromiso. Siempre están leyendo, asistiendo a seminarios, hablando con gente que los edifica. Sus anhelos más grandes son aprender y crecer. Saben que su crecimiento interno es la base de todo. • Tienen una motivación interna. No importa lo que atraviesen, se sienten motivados; y cada problema lo ven como un desafío para enfrentar. Tienen un saludable sentido de control en sus vidas. Son personas vibrantes, emocionantes y llenas de calor humano. • Son receptivos a las nuevas ideas. Están abiertos a la renovación; saben que el mundo está cambiando y que ellos necesitan también cambiar. Están seguros que la vida es crecimiento y cambio. Lo que crece cambia. No se aferran al pasado, sino que lo usan para saltar al presente con una clara determinación del futuro. • Tienen una vitalidad espiritual. Sus prácticas espirituales no son religiosas sino vibrantes, llenas de vida; mantienen un caminar continuo con el Señor que se renueva cada día, y sus devociones son estimulantes. No se secan, están como los olivos verdes en el altar de su Señor.

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• Aman los sistemas de apoyo. Saben que solos no pueden seguir, y aman la constelación del líder. Rodeados de Pablos que los enseñan y guían, Bernabés que los confortan y Timoteos a quienes ellos forman y edifican. • Tienen una capacidad de recuperación inmediata. Se recuperan de las crisis y adversidad con asombro. Saben sacar provecho de las noches, como Pablo en la cárcel de Filipos. A veces son sacudidos pero dicen, como el apóstol: “Sacudidos pero no vencidos”. Se recuperan porque saben en su espíritu que la batalla final ya ha sido ganada. • Saben sentir. Usan los sentimientos fuertes como mensajeros en su movimiento de avance. Saben comunicar sus sentimientos. Son tiernos, dulces y amorosos. Saben llorar, y admiten cuando sienten miedo y temor. Son humanos. • Tienen la habilidad de autonutrirse. Saben escoger lo que los nutre y gastan tiempo en esas actividades, como orar, leer la Palabra, los retiros personales, los ayunos y la edificación mutua. No se sienten bien si no se están nutriendo espiritualmente. • Son proactivos. No esperan que las cosas sucedan para reaccionar, sino que hacen que las cosas sucedan. Su pregunta “¿por qué estoy aquí?” los motiva a mirar adelante. Por ello tienen sentido de propósito. Su creatividad es impresionante, no aman la rutina ni se dejan llevar por la corriente. Saben pararse y marcar el camino en un mundo lleno de confusión.

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• Son soñadores, pero con los pies en la tierra. Sueñan más allá de lo que parece práctico. Rehúsan la expresión: “esto se intentó antes”. Arriesgan grandes sueños, y los mismos llegan a convertirse en realidad. Ven la vida como un juego o una olimpiada, y no como un problema para ser resuelto. Se atreven a ver más allá del promedio. • Ven su vida con la perspectiva divina. No se ven como víctimas de las circunstancias, sino como cocreadores de sus vidas con el Creador de los cielos. Saben, están convencidos, que el Señor está todavía tejiendo sus vidas como hermosos tapices y que no ha terminado aún. Para esos líderes abrahámicos un día escribí la siguiente reflexión:

El tapiz de Dios Dios es el Soberano, Señor del universo, el Arquitecto perfecto, el Padre lleno de amor. El dulce y buen Redentor me trajo y me dio la vida, y comenzó a tejer el tapiz más asombroso que yo no puedo entender. Sus hilos son de colores que combinados van bien, unos rojos y otros negros, y algunos verdes también. Los rojos a mí me encantan, los verdes, me gusta ver; pero los negros, mi hermano, me hacen creer que Él a mí no me ama o que se olvida de mi ser. Pero un día tocará mis ojos para que así pueda ver que los rojos, con el negro y el verde van a encender la imagen más portentosa de sus manos al tejer

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la más grande obra gloriosa de mi nuevo amanecer. A Él solo le exalto por este hermoso tapiz. A Él solo le alabo, por eso le quiero servir. Dejar de ser un líder de papel con pies de barro implica llegar a ser un líder abrahámico, porque en este tiempo final los que son cubiertos con el manto de Abraham llegarán muy lejos. Allá a la distancia, como pequeñas sombras, se verán los moabitas, con el mismo sabor, el mismo olor; nada nuevo sucedió en ellos. “Oh, Dios, ayúdanos a ser los líderes abrahámicos de este tiempo, con el manto de Abraham. Amén”.

Reflexión • ¿Culpas a otros de cómo te sientes? • Cuando los planes del día se cambian por circunstancias externas, ¿te enojas? • ¿Esperas que tu líder te presente desafíos en tu trabajo? • ¿Cuando estás con tus amigos las opiniones de ellos influyen en tus sentimientos? • ¿Usualmente, tu cónyuge es el que decide qué actividades realizar, a dónde ir y cómo gastar el tiempo juntos? • ¿Una porción sustancial de tu conversación se centra en cosas, relaciones o sentimientos? • ¿Cómo te sientes cuando los demás ya no te miran como un líder?

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capítulo 3

lÍDereS anHeDónicoS

E

staba sentado en su escritorio. Sus ojos hundidos en profundas sombras; espesas ojeras sepultaban el brillo de su mirada. Sus cabellos eran una madeja de hilos sin ordenar, y su barbilla, con los rastros evidentes de la apatía por afeitarse. Pastor de una iglesia en crecimiento y con una carrera desenfrenada de eventos, construcciones, reuniones interminables y un rosario permanente de llamadas telefónicas que interrumpían nuestros pocos minutos de ligero saludo. En el estrecho zaguán de nuestra rápida conversación me expresó que casi no podía dormir y tenía que tomar pastillas tranquilizantes para poder conciliar el sueño, pero que los efectos eran casi nulos. Mientras lo miraba me preguntaba si ese era el cuadro diseñado por Dios para ese líder cristiano. Si acaso era el deseo de Dios que las deudas acumuladas para pagar sus sueños realizados enmarcaran dentro del diseño divino. Fue entonces cuando mis pensamientos se vieron interrumpidos por el pasaje de la Biblia que narra la historia de un exitoso líder en su carrera de ascenso y su rápida y estruendosa caída.

LídeRes anHedónIcos

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En el segundo libro de Crónicas, se narra la típica historia de un rey que pinta el cuadro perfecto de un líder anhedónico, alguien que ha perdido interés y satisfacción en lo que hace, el rey Uzías. Veamos la historia. Y todo el pueblo de Judá tomó a Uzías, que tenía dieciséis años, y lo hicieron rey en lugar de su padre Amasías (…) Uzías tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén (...) E hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todo lo que su padre Amasías había hecho. Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, quien tenía entendimiento por medio de la visión de Dios; y mientras buscó al Señor, Dios le prosperó. (…) Y los amonitas pagaron tributo a Uzías, y su fama se divulgó hasta la frontera de Egipto, pues llegó a ser muy poderoso. Uzías edificó además torres en Jerusalén en la puerta del Ángulo, en la puerta del Valle y en la esquina de la muralla, y las fortificó. Edificó también torres en el desierto y excavó muchas cisternas, porque tenía mucho ganado, tanto en las tierras bajas como en la llanura. También tenía labradores y viñadores en la región montañosa y en los campos fértiles porque amaba la tierra. Tenía también Uzías un ejército listo para la batalla, que salía al combate por divisiones (...) Uzías proveyó además a todo el ejército de escudos, lanzas, yelmos, corazas, arcos y hondas para tirar piedras. Y en Jerusalén hizo máquinas de guerra inventadas por hombres hábiles para ponerlas en las torres y en las esquinas, para arrojar flechas y grandes piedras. Por eso su fama se extendió lejos, porque fue ayudado en forma prodigiosa hasta que se hizo fuerte. –2 Crónicas 26:1-15

Hasta acá podemos ver un liderazgo impresionante. Éxitos, triunfos, fama, logros. Sin embargo, nunca olvidemos que una cosa es proyección, productividad, visión y unción, y otra cosa

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es convertirnos en esclavos del ministerio, sacrificando los principios básicos de la vida espiritual, personal, relacional y familiar. Todos los éxitos de Uzías terminaron en lo que describen los próximos versos, lo cual fácilmente me lleva a pensar que es el cuadro inigualable de un líder anhedónico. Pero cuando llegó a ser fuerte, su corazón se hizo tan orgulloso que obró corruptamente, y fue infiel al Señor su Dios, pues entró al templo del Señor para quemar incienso sobre el altar del incienso. Entonces el sacerdote Azarías entró tras él, y con él ochenta sacerdotes del Señor, hombres valientes, y se opusieron al rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, Uzías, quemar incienso al Señor, sino a los sacerdotes, hijos de Aarón, que son consagrados para quemar incienso. Sal del santuario, porque has sido infiel y no recibirás honra del Señor Dios. Pero Uzías, con un incensario en su mano para quemar incienso, se llenó de ira; y mientras estaba airado contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa del Señor, junto al altar del incienso. Y el sumo sacerdote Azarías y todos los sacerdotes lo miraron, y he aquí, tenía lepra en la frente; y le hicieron salir de allí a toda prisa, y también él mismo se apresuró a salir, porque el Señor lo había herido. Y el rey Uzías quedó leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una casa separada, ya que era leproso, porque fue excluido de la casa del Señor. Y su hijo Jotam estaba al frente de la casa del rey gobernando al pueblo de la tierra. (…) Y durmió Uzías con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en el campo del sepulcro que pertenecía a los reyes, porque dijeron: Es leproso. –2 Crónicas 26:16-23

¿Dónde estuvo el tropiezo de Uzías? ¿Acaso no era un líder lleno de éxito? ¿Qué es éxito? ¿Es acaso tener la iglesia más grande?

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¿O el nombre más aplaudido? ¿Es ser el más brillante orador? ¿O tener todos los programas de televisión de mayor audiencia? Uzías desarrolló plan tras plan, visión tras visión, proyecto tras proyecto y, cuando ya no veía qué más hacer, quiso usurpar el papel del sacerdote. Un líder anhedónico se caracteriza por querer más y más, aunque eso represente herir al pueblo, a quienes trabajan cerca de él. Uzías no quiso oír lo que el sacerdote y otros líderes le dijeron, y se llenó de ira contra ellos. Esa es una característica de un líder anhedónico: no oye; ya no disfruta los pequeños logros del ministerio; está en una carrera desenfrenada por más y más, y se llena de ira, pierde el control cuando alguien se le opone a sus nuevos proyectos. El final es triste, Uzías terminó aislado con lepra. Ese es el final de un líder anhedónico, termina solo, aislado con lepra en el alma. Éxito es vivir, moverse y ministrar a la luz de los principios divinos, ubicados en el plan perfecto de Dios para cada vida. Es disfrutar poco a poco los logros dados por Dios, primero, saboreando cada instante en la presencia divina, segundo, aprendiendo a deleitarse en cada paso dado dentro de esa ubicación eterna. ¿Qué entendemos, entonces, por líderes anhedónicos? La expresión anhedónico se desprende de anhedonia. Anhedonia es la incapacidad de experimentar placer. Dios nos ha dado la capacidad de experimentar el genuino y verdadero placer. Es un placer estar en su presencia, es un placer ver cómo Él obra, es un placer sentir cómo usa nuestra vida para fluir y tocar a otros. El ministro amigo, a quien describí al principio, había perdido el placer de estar a solas con Dios por sus múltiples compromisos

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y proyectos. A lo largo de su ministerio Dios le había concedido pequeños y medianos logros, los que no logró saborear ni disfrutar porque un nuevo plan, una nueva construcción y una nueva “visión” llegaron a tocar la puerta de su desesperación. No había tiempo que perder, había que correr para lograr otra meta más. Uzías experimentó exactamente lo mismo. En su carrera desenfrenada preparó el camino para su autodestrucción. Anhedonia es no tener alguna cosa en la vida que mueva tu corazón. Dr. Archibald Hart

El Dr. Archibald D. Hart, describe esta sensación conocida como anhedonia cuando dice: Cuando sobrecargamos el centro del placer en el cerebro con seguidos niveles de estimulación sin darnos el tiempo de procesar los primeros, el resultado es un declive en la habilidad de nuestro sistema de placer de experimentar gozo en las cosas ordinarias y simples de la vida.1

Servir a Dios trae grandes satisfacciones. Muchas de esas satisfacciones vienen en paquetes pequeños. Nuestra sociedad nos ha llevado a despreciar los paquetes pequeños de la vida para correr desenfrenados tras los paquetes grandes. Como líderes disfrazamos muchas veces esa pérdida de placer por lo que Dios hace en medida pequeña, ocultando nuestra anhedonia con la palabra visión. Entonces decimos al pueblo que Dios nos ha entregado una nueva visión; un nuevo proyecto, una nueva tierra prometida. El 1. Dr. Archibald D. Hart, Thrilled to Death: How the Endless Pursuit of Pleasure Is Leaving Us Numb [Emocionado hasta la muerte: cómo la búsqueda sin fin del placer nos deja entumecidos], Thomas Nelson, 2007.

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costo de la visión no importa; al fin y al cabo no somos los líderes los que la pagamos, sino el pueblo; pero nuestro alto precio es cansancio, estrés, noches sin dormir porque hay cuotas que lograr y montos que pagar, y nos desgastamos en la almohada buscando el mecanismo para convencer al pueblo para que dé más y más. Es una carrera sin fin y sin meta. A veces parecemos ratas en una jaula corriendo en la rueda como locos sin realmente llegar a ningún lugar. Dr. Archibald Hart

La Biblia nos presenta al Señor Jesús alimentando cinco mil personas con un paquete pequeño de unos panes y unos peces en las manos de un niño. El milagro ocurrió. Jesús se tomó el tiempo para saborear el milagro hecho por Dios. Me lo imagino con el rostro de satisfacción de los niños viendo cómo jóvenes, adultos y ancianos en grupos de cincuenta saciaban su hambre. Si Jesús hubiese padecido de anhedonia le hubiera dicho a los discípulos: “hoy alimentamos cinco mil, mañana lo haremos a diez mil, y la próxima semana a veinte mil”. No, Él no lo hizo, porque no tenía nada que demostrar y ninguna pista por correr. Es más, en la Biblia dice que al día siguiente llegó la multitud buscándolo y le dijo estas palabras: Al día siguiente, la multitud que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que allí no había más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solos. Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm buscando a Jesús. Cuando le hallaron al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?

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Jesús les respondió y dijo: En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque hayáis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. (…) Por eso muchos de sus discípulos, cuando oyeron esto, dijeron: Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla? Pero Jesús, sabiendo en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? (…) Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él. Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios. –Juan 6:22-26, 60-69

Jesús no buscó más multitudes. No se fijó una nueva meta impresionante. Él mismo, en Juan 5, había dicho que el Hijo no haría ninguna cosa sino lo que veía hacer al Padre. Que el Padre le revelaría sus secretos al Hijo. Cuánto necesitamos como líderes ser sumergidos en el estanque de la sumisión al Padre, para vivir en sus propósitos sin caer en la montaña rusa de las emociones fracturadas por un declive en la capacidad de experimentar placer en lo que Él nos permite vivir y lograr. El Dr. Hart enfatiza lo siguiente: En sus subidas y bajadas en la escala del placer, como el yo-yo, muchos hoy están comenzando a sufrir de un desorden emocional llamado desbalance hedónico. Esto significa que el centro del placer, puesto por Dios en el cerebro, para que cuando logres algo o hagas algo bueno y agradable experimentes placer, ese centro ya no está trabajando apropiadamente; y esa perdida de la habilidad de sentir placer afecta cada aspecto de nuestra vida, de la sexualidad a las adicciones, de las relaciones a la espiritualidad. Incluso nuestra

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capacidad de experimentar a Dios en totalidad es seriamente comprometida cuando sufrimos lo que se llama anhedonia. Un líder anhedónico es aquel que ha dejado de disfrutar las pequeñas metas de la vida y de saborearlas, y ha emprendido la carrera desesperada para lograr más y más y más.2

No tiene esto que ver con detener la capacidad de soñar o de ir más allá de los límites, ni tampoco con caer en el conformismo y el estancamiento, sino en ir paso a paso en el camino marcado por Dios sin dejarnos arrastrar por los movimientos nuevos que proyectan prosperidad, riqueza, suntuosidad, aplausos y competencia con otros ministerios. Dios no nos ha llamado a ser líderes exitosos, sino líderes fieles. Fieles a Dios quien nos llamó. Fieles a nuestros dones y ministerios dados por Él sin copiar a otros; fieles al pueblo a quien Dios nos llamó a servir y no a que nos sirva; fieles a la comunidad no creyente que mira atentamente a quienes nos llamamos representantes de Dios en la sociedad. Después de más de cuarenta años en el ministerio, luego de sufrir de anhedonia algunas veces y considerar lo que realmente vale en la vida, he encontrado que los mejores momentos en el liderazgo son cuando me he tomado el tiempo necesario para ver las cosas pequeñas de la vida, como las alas de una mariposa, la flor en el camino, la sonrisa del niño y el alma salvada en el altar, sin correr a buscar más números y más proyectos. También he disfrutado de los momentos cuando Dios me retó y desafió a algo que jamás estuvo en mi mente pero sí en su corazón; y al aceptar esos retos he visto que vinieron de Dios porque Él proveyó todo lo que necesitaba para llevarlo a cabo, sin perder el sueño

2. Ídem

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en la noche y manteniendo la sonrisa mientras las gotas de lluvia caían en el rostro como una caricia divina. El placer es una parte saludable y necesaria de la experiencia humana. ¡Es lo que nos capacita para experimentar la belleza de la vida! Dr. Archibald D. Hart

Líderes de papel con pies de barro buscan éxito, reconocimiento y se desgastan en la carrera desenfrenada de la vida. Líderes auténticos y fieles saben sentir placer en lo que Dios les ha dado por su gracia.

Reflexión Veamos si estás sufriendo de anhedonia. Cada una de estas respuestas te dirán si es tiempo de parar, enfocarte, recomenzar, desconectarte de sueños y proyectos, metas e ilusiones, para conectarte con Dios y con la gente. • ¿Estás disfrutando el servicio a Dios en lo que haces y donde estás? • ¿Eres fiel a lo que Dios quiere realmente que hagas? • ¿En medio de tus compromisos ministeriales disfrutas de tu cónyuge e hijos, o el ministerio te resta tiempo para estar con ellos? • ¿Tu ministerio interfiere con tu vida personal? ¿Está destruyendo la vida de tu familia?

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• ¿Tienes tiempo suficiente para descansar y recuperarte del desgaste que te produce el ministerio o corres más y más? • ¿Tu ministerio se está convirtiendo en una prisión? ¿Eres un esclavo de la obra? • ¿Tienes tiempo para estar a solas con Dios, poniendo tus planes en el altar para que Dios los destruya si es necesario? • ¿Están las deudas de los proyectos y visiones destruyendo tus noches y robándote los buenos tiempos durante el día? • ¿Estás presionando, corriendo y pensado qué nuevo evento realizar, qué conferencia dar para lograr el dinero que te permita seguir sosteniendo tu sueño anhedónico? • ¿La gente que te rodea está experimentando cansancio por el ritmo de exigencia y trabajo que le has impuesto? • ¿Es lo que haces tu única fuente de placer?

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capítulo 4

loS lÍDereS De PaPel olViDan la Factura

L

as tenemos en casa en cualquier parte; son papeles que a unos asustan y a otros satisfacen; son las facturas. Muchos se entusiasman en el momento y después quieren esconderse porque les cuesta pagar. Otros viven de las ofertas del momento: “adquiera ahora y pague después”. Pero la peor factura de nuestra vida no es la comercial, sino la moral y espiritual. Son muchos los líderes que juegan con las cosas prohibidas y se olvidan que todo tiene una factura en esta vida. La Biblia nos presenta muchos casos de facturas olvidadas que luego fueron cobradas a hombres y mujeres que tenían una función especial en el pueblo de Dios. Judá es uno de ellos. Él tenía tres hijos, entre ellos Er, quien se casó con Tamar. Er murió. Era costumbre que, al morir el esposo sin dejar descendencia, la esposa del difunto tuviera que casarse con el hermano inmediato de este. Tamar se casó con Onán, pero él se negó a levantar descendencia, y por ello murió. El hermano que seguía era Sela, pero era muy joven, y Judá le dijo a Tamar: “quédate sola hasta que crezca Sela”. El tiempo pasó y Judá no cumplió con dar a

Los LídeRes de PaPeL oLvIdan La factuRa

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Tamar como esposa a su hijo Sela. Un día, Judá, luego de enviudar, se encontró con una mujer que parecía prostituta, cubierta con un velo. Creyendo que era prostituta, se acercó y le propuso estar con ella y, para ello, prometió enviarle un cabrito. Ella le pidió una prenda mientras el cabrito llegaba, y Judá le preguntó: “¿qué prenda quieres?”. “Tu sello, tu cordón y tu báculo”. Veamos el pasaje directamente de la Biblia, en Génesis 38:1226: Pasaron muchos días y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Y pasado el duelo, Judá subió a los trasquiladores de sus ovejas en Timnat, él y su amigo Hira adulamita. Y se lo hicieron saber a Tamar, diciéndole: He aquí, tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas. Entonces ella se quitó sus ropas de viuda y se cubrió con un velo, se envolvió bien y se sentó a la entrada de Enaim que está en el camino de Timnat; porque veía que Sela había crecido, y ella aún no le había sido dada por mujer. Cuando la vio Judá, pensó que era una ramera, pues se había cubierto el rostro. Y se desvió hacia ella junto al camino, y le dijo: Vamos, déjame estar contigo; pues no sabía que era su nuera. Y ella dijo: ¿Qué me darás por estar conmigo? El respondió: Yo te enviaré un cabrito de las cabras del rebaño. Y ella dijo: ¿Me darás una prenda hasta que lo envíes? Y él respondió: ¿Qué prenda tengo que darte? Y ella dijo: Tu sello, tu cordón y el báculo que tienes en la mano. Y él se los dio y se llegó a ella, y ella concibió de él. Entonces ella se levantó y se fue; se quitó el velo y se puso sus ropas de viuda. Cuando Judá envió el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para recobrar la prenda de mano de la mujer, no la halló.

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Y preguntó a los hombres del lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera que estaba en Enaim, junto al camino? Y ellos dijeron: Aquí no ha habido ninguna ramera. Y él volvió donde Judá, y le dijo: No la encontré; y además, los hombres del lugar dijeron: “Aquí no ha habido ninguna ramera”. Entonces Judá dijo: Que se quede con las prendas, para que no seamos causa de burla. Ya ves que envié este cabrito, y tú no la has encontrado. Y sucedió que como a los tres meses, informaron a Judá, diciendo: Tu nuera Tamar ha fornicado, y he aquí, ha quedado encinta a causa de las fornicaciones. Entonces Judá dijo: Sacadla y que sea quemada. Y aconteció que cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. Y añadió: Te ruego que examines y veas de quién es este sello, este cordón y este báculo. Judá los reconoció, y dijo: Ella es más justa que yo, por cuanto yo no la di por mujer a mi hijo Sela. Y no volvió a tener más relaciones con ella.

Judá le dio esos elementos sin saber que era su nuera Tamar. Cuando Judá le envió lo prometido no la encontraron. Al pasar el tiempo, le informaron a Judá que su nuera estaba embarazada y, cuando él ordenó que la matasen, ella mostró el sello, el cordón y el báculo, y dijo: “El dueño de estas cosas es el responsable de mi embarazo”. Judá, avergonzado, dijo: “más culpable soy yo que ella”. A Judá le pasaron una factura que él había olvidado. Cada uno de los tres elementos fue de gran significado para él.

El sello Regularmente era un anillo que se llevaba a en la mano o en el cuello y servía para:

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• Autorizar documentos. Judá comprometió y arriesgó las propiedades y su futuro. Muchos líderes de papel con pies de barro al jugar con el pecado arriesgan su futuro. El futuro está determinado por las decisiones, pecados o éxitos del presente. • Registrar autenticidad. Cuando jugamos con el pecado comprometemos la autenticidad. La falsedad viene a nuestra vida al no reconocer nuestras caídas y pecados. Se entrega el sello de la autenticidad. • Indicar pertenencia. Un sello en las manos de una ramera implicaba que ahora el dueño del sello también tenía dueño. “El que practica el pecado, esclavo es del pecado”. ¿De quién terminamos siendo esclavos? Indudablemente de aquello a lo que nos entregamos en nuestras bajas pasiones. • Un sello expresa realidad, no teoría. Cuando jugamos con lo prohibido se compromete la realidad de nuestra vida y terminamos siendo pura teoría. Palabras, y solo palabras, sin ningún respaldo de una manera clara de vivir. • Estampa una imagen. Perder el sello es perder la imagen. Cuando entregamos el sello en nuestro juego con el pecado, entregamos la imagen de pureza y santidad. Una imagen que al perderla cuesta tiempo, dolor, lágrimas y esfuerzo recuperar. Un líder no puede darse el lujo de perder el sello por un momento de placer y unos minutos de éxtasis prohibido. Judá no solo entregó el sello, sino que el pasaje en la Biblia dice que entregó el cordón o cinturón. ¿Qué significaba?

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El cordón o cinturón • El cinturón era un instrumento que permitía llevar la espada. Un sostén del poder. Judá entregó el sostén del poder. Un líder entrega el sostén del poder cuando juega con el pecado. Eso fue lo que entregó Sansón cuando reveló el secreto de su poder a Dalila; y allí fracasó y perdió su fuerza. Jugó creyéndose fuerte y, en su juego, se entregó a la debilidad. • El cinturón era una pieza usada para moverse con libertad. El cinturón permitía ajustar la túnica y eso facilitaba la libertad de movimiento. El movimiento era indispensable en la guerra y el trabajo. El cinturón venía a ser un símbolo de actividad con propósito. Al dejarnos arrastrar por la atracción fatal perdemos el espíritu de la actividad con propósito, elemento fundamental en la vida de un líder. Entregamos nuestra libertad jugando al pecado y ya no podemos movernos con libertad. La última cosa que Judá entregó en su descenso pasional fue el báculo o cayado.

El báculo • El báculo era un instrumento para apoyo, sostén y consuelo. Era usado con utilidad en los débiles y ancianos. Sin el Señor somos débiles, Él es nuestra fuerza; pero cuando jugamos con el pecado quedamos sin sostén y, entonces, quedamos débiles y desprotegidos.

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• Era símbolo de autoridad. Judá quedó sin autoridad ante su nuera. Quedamos sin autoridad cuando entregamos el báculo en el juego con el pecado. • Era símbolo de discernimiento. Con el báculo el pastor examinaba las ovejas y veía si había alguna plaga o enfermedad en su piel, y también las contaba. Judá entregó ese instrumento, igual que nosotros entregamos la capacidad de discernir cuando jugueteamos con el pecado; quedamos expuestos a una vida ciega, sin poder ver la necesidad de la gente que lideramos. • Era símbolo de protección personal. En tiempo de peligro, con su báculo, no solo el pastor se protegía sino que protegía a sus ovejas. Era el instrumento que lanzaba por el aire para ahuyentar los lobos, osos u otros depredadores. Cuando entrego mi báculo no solo yo, sino alguien más queda desprotegido. • Era símbolo de guía y liberación. El báculo servía para enganchar una oveja por el cuello cuando se quería desviar del camino, y también para liberarla cuando quedaba atascada en los espinos. Judá entregó el báculo, y él mismo y otros quedaron presos del pecado y de las circunstancias. A lo largo de la historia de la Iglesia, miles de buenos y útiles siervos quedaron a la orilla del camino avergonzados porque alguien les mostró el sello, el báculo y el cinturón que ellos entregaron en un momento de placer. Cuando creyeron que todo había sido olvidado y que nadie se acordaría o sabría lo sucedido,

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el enemigo los esperó en la inesperada esquina para avergonzarlos en público. No menospreciemos la hermosa perla del ministerio que nuestro Dios y Príncipe de los pastores, el Señor Jesús, nos ha entregado. Hay muchas ofertas a nuestro alrededor, hay muchas tentaciones y muchos atajos que a la larga nos traerán no solo vergüenza y tristeza para nosotros, sino para nuestra familia e iglesia. Que en este día podamos reflexionar y levantarnos con el sello, el cinturón y el báculo en la mano; que podamos decir: “Señor, me has dado estos preciosos instrumentos y no los quiero entregar por un vano, sutil y tenebroso momento de placer. Si ya los entregaste, nunca es tarde para recuperarlos; que puedas tener paciencia porque las facturas mientras se pagan duelen, pero después el alivio de la cancelación inundará tu corazón. Tomemos la perla del ministerio, de los dones y del fruto que el Señor nos ha dado y no la soltemos por nada ni por nadie. Por tanto, si alguno se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, santificado, útil para el Señor, preparado para toda buena obra. Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro. –2 Timoteo 2:21-22

La advertencia divina siempre llega como un aliciente en medio del camino, y hoy te dice: “no entregues lo que tanto precio tiene para tu liderazgo. Toma con fuerza en tu mano el sello, el cinturón y el báculo, y camina con firmeza, pureza, integridad y responsabilidad el resto del camino”. Los líderes auténticos mantienen una vida de pureza y guardan su corazón. Líderes de papel con pies de barro juegan con la

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vida interna creyendo que todo será igual, sin sorpresas, en la vida. Dios sigue siendo Dios de sorpresas.

Reflexión • ¿Cuáles de las cosas que entregó Judá ya has entregado en manos del enemigo? • ¿Cuál ha sido tu juego peligroso? • ¿Qué resultados hasta ahora has obtenido de eso? • Tu decisión hoy es…

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Líderes de papel con pies de barro

capítulo 5

la neGliGencia en un lÍDer De PaPel con PieS De Barro

La diligencia es veloz, y parece un ciervo saltando en las montañas. La negligencia es lenta como tortuga en el valle. Las dos son incompatibles como el agua y el aceite. Serafín contreras Galeano

U

na mañana me levanté un poco desanimado y sin muchas ganas de dirigirme a mi oficina. Los papeles estaban acumulados en el escritorio; muchas cartas por contestar y estudios para preparar; algo internamente me impulsaba a la negligencia. Sin muchas ganas encendí mi computadora para revisar el correo electrónico, y unas palabras estaban en el monitor, al leerlas me dieron un nuevo ánimo. Son estas:

aprendí y decidí Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro, decidí triunfar. Decidí no esperar a las oportunidades, sino yo mismo buscarlas.

La negLIgencIa en un LídeR de PaPeL...

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Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución. Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis. Decidí ver cada noche como un misterio para resolver. Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz. Aquel día descubrí que mi único rival no era más que mis propias debilidades y que esta era la única y mejor forma de superarme. Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer no ganar. Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui. Me dejó de importar quién ganara o perdiera; ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer. Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir. Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamarle a alguien “amigo”. Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento: el amor es una filosofía de vida. Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente. Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar a los demás. Aquel día decidí cambiar tantas cosas. Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad. Desde aquel día ya no duermo para descansar, ahora simplemente duermo para soñar. –Walt Disney

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Con diligencia el campesino labra y siembra la tierra. Él sabe que la negligencia es el peor enemigo de la productividad. Su diligencia se demuestra en la hora temprana de la mañana, porque desea aprovechar bien el tiempo. Se demuestra también en el lugar donde guarda las herramientas y las semillas. Se ve en su pronto y rápido caminar, y en que jamás dará en su trayectoria un paso que eche a perder la futura cosecha. Mientras camina tiene cuidado de no deslizarse porque quiere llegar a su destino y convertir todas sus fuerzas y energías en lo que es primordial para él y su familia. Mientras caminaba por las calles de San José, en Costa Rica, en tiempo de invierno, una tarde casi pierdo el equilibrio, ya que algunas aceras en esa ciudad son bien lisas y al humedecerse se convierten en un sendero de alto riesgo para los transeúntes. Desde ese momento, cada vez que camino en invierno por el centro de San José, camino con mucha atención y cuidado. El libro de Hebreos dice: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (2:1). ¿Por qué Pablo comienza con un “Por tanto”? Porque: 1. Dios ha hablado muchas veces (1:1). 2. Dios ha hablado de muchas maneras: por los profetas y, finalmente, por su Hijo (1:2). “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído”. La Palabra de Dios necesita ser más escuchada por los siervos y ministros, para que no haya un desliz y, al escucharla, puedan levantarse y proceder con diligencia en las transiciones reservadas para los diligentes.

La negligencia en un líder de papel...

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Si la negligencia es un factor determinante para bloquear los movimientos que el Espíritu Santo tiene para nosotros, entonces, veamos por un momento lo que llamo:

La radiografía de un siervo negligente Atendiendo al llamado de Hebreos 2:1, en donde se nos exhorta a poner atención a lo que Dios ha hablado, encontramos en el libro de 2 Reyes 5:20-27, la radiografía de un siervo que no puso diligencia y se deslizó tristemente perdiendo las transiciones del Espíritu. Giezi, siervo de Eliseo, estuvo rodeado de un ambiente espiritual muy rico, pero ignoró que Dios había hablado de muchas y múltiples maneras y, al no poner diligencia, se deslizó. Todos conocemos el trasfondo de esta historia cuando Naamán fue sanado de la lepra y quiso recompensar a Eliseo por el milagro, y Eliseo rehusó recibir regalo alguno. Mientras esto acontecía, internamente, en el corazón de Giezi sucedían cosas muy significativas. La experiencia triste de Giezi nos exhorta a los siervos de Dios a tener mucho cuidado con las siguientes cosas que pueden hacernos deslizar y dejar descalificados. Cuidado con el monólogo interno. “Giezi… dijo para sí” (2 Reyes 5:20). ¿Cuál es nuestro monólogo interno? Lo que estamos hablando con nosotros mismos determina lo que llena nuestro corazón. ¿Es nuestro monólogo interno la verdad de Dios?, ¿no está saturado de nuestros propios deseos y anhelos? El monólogo interno de Giezi estaba lleno de codicia: “Correré tras él y tomaré algo de él”. El ministerio, que por gracia hemos recibido de Dios, puede fácilmente saturarse de codicia para lograr las cosas que fuera de él nos costarían más dinero o esfuerzo. Necesitamos renovarnos plenamente en la diligencia y observar

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nuestro monólogo interno. El monólogo interno nos indicará las motivaciones que tenemos para servir. ¿Por qué queremos predicar, ministrar o surgir? Atendamos ese diálogo interno. No ser diligentes en cuanto a esto nos puede descalificar fácilmente. Cuidado con usar el nombre de Dios. “Mi señor me ha enviado diciendo” (2 Reyes 5:22a). No tenemos permiso ni autoridad de hablar en nombre de Dios si Él no nos ha enviado. Cuidémonos de caer en las conocidas expresiones: “el Señor me reveló; “el Señor me mostró”; “el Señor me ha movido”; “el Señor quiere que...”. Sé que Dios revela, habla y mueve, pero debemos cuidarnos de no usar estas expresiones cuando en realidad son nuestros propios deseos y ambiciones que, al igual que Giezi, corren tras Naamán. Es muy fácil usar el nombre de Dios para lograr nuestros propósitos, como este siervo que aprovechó su posición para hablar en nombre de su señor. Atender con diligencia se manifiesta cuando nos cuidamos de no hablar en nombre de Dios para lograr ambiciones personales. Especialmente muchos se atreven a hablar en nombre de Dios para buscar apoyo en sus ministerios, dinero, reconocimiento o invulnerabilidad. Uno de los mandamientos más quebrantados por muchos siervos es el tercero: “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano” (Éxodo 20:7). Este es el único mandamiento donde se registra una inmediata sanción: “el Señor no tendrá por inocente”. Apela directamente a un asunto de respeto al Ser Supremo. A ninguna persona le gusta que otro hable en su nombre sin que él lo haya autorizado. Cuánto más Dios. Cuando usamos el nombre de Dios ligera y frívolamente, aunque sea en testimonios o conversaciones “espirituales”, eso es simplemente irreverencia.

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Al hacerlo disminuimos la reputación de Dios. Dios todavía merece respeto por parte sus siervos. Cuántas veces, para apoyar un plan o proyecto o, más triste aún, para recabar dinero para ministerios, siervos se atreven a decir que Dios les habló y les reveló que hicieran de esta o aquella manera. Si Dios no lo ha hecho, es fatal usar su nombre santo para convencer al pueblo para dar o, simplemente, seguir algún ministerio. La diligencia nos lleva a honrar a Dios en el uso de su nombre y de su persona. En este tiempo Dios busca siervos dispuestos a respetar su nombre y jamás usarlo para sacar provecho en sus ambiciones personales. Cuidado con la mentira. “He aquí, en este momento dos jóvenes de los hijos de los profetas han venido a mí” (2 Reyes 5:22 b). Hablar en nombre de Dios cuando Él no nos ha mandado es caer directamente en la mentira. La mentira es una espiral incontenible que guía de una mentira a otra para poder mantener la reputación; es una espiral absorbente y destructiva. Ya hay desliz cuando, para mantener la reputación, el ministerio comienza a aceptar la mentira en informes, falsificación de números, reportes exagerados, testimonios barnizados, manchados de exaltación humana y manejo fraudulento de fondos. Renovemos la diligencia echando definitivamente la mentira de nuestro ministerio. Es común encontrar ministros que hablan de miles que asisten a la iglesia y, al llegar allí, uno encuentra que tales números no existen. Cuidado con las máscaras. “Y le insistió” (2 Reyes 5:23a). Esta expresión “le insistió”, demuestra que Giezi se puso una máscara ante Naamán. Naamán le decía: “No, un talento no, llévale dos”; y Giezi decía: “No, mi Señor dijo que uno”; y Naamán

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seguía insistiendo. La máscara de la inocencia y del “no quiero tanto”, cuando en realidad el corazón pide más y más. El pueblo sabe cuando nosotros como ministros decimos: “No, por favor no me de eso”; “no, por favor, no tanto, con poco es suficiente”, y en nuestro corazón tenemos la mano extendida. La diligencia nos conduce a quitarnos las máscaras y andar con integridad y originalidad. Cuidado con usar a la gente. “… y los entregó a dos de sus criados; y estos los llevaron delante de él” (2 Reyes 5:23b). Un talento tenía más de 30 kilos. Los siervos llevaban la carga, mientras Giezi los dirigía. A Giezi no le importó ver el esfuerzo de esos dos criados llevando el peso de su codicia. Oh, hermano ministro, cuidado con usar a la gente para el propio provecho. Cuántas son las ovejas que llevan el peso de la satisfacción personal de sus líderes. Podemos manipular al pueblo y conseguir todo lo que anhelamos, pero nuestra conciencia nos seguirá, y el Señor un día nos lo demandará. La diligencia nos exige no usar jamás a la gente para nuestro provecho personal. Cuidado con los lugares secretos. “Y así que llegó a un lugar secreto” (2 Reyes 5:24). Giezi tenía un lugar secreto donde guardar su pecado. Note los siguientes verbos: llegó, tomó, guardó y mandó. Había determinación, planificación y premeditación. Cuidado con los lugares secretos. En un siervo de Dios puede haber un solo lugar secreto: el de la oración. “Y cerrada la puerta de tu aposento ora en secreto y tu Padre que te oye en secreto te recompensará en público”. Ningún otro lugar secreto. La oscuridad y lo oculto no pertenecen al reino de la luz. El Señor quiere que andemos en luz como Él está en luz. Los lugares secretos son oscuros, nauseabundos, tétricos y terriblemente peligrosos.

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¿Dónde estamos yendo? ¿Qué casa estamos visitando? ¿Con qué propósito? ¿Qué ven nuestros ojos en la madrugada en la televisión? ¿Qué vemos en Internet cuando estamos solos en la oficina, hotel o en casa? ¿Qué cosas mantenemos secretas? La diligencia nos impone renunciar a los lugares secretos. Cuidado con jugar con la integridad. “Tu siervo no ha ido a ninguna parte” (2 Reyes 5:25). Cuando Giezi entró al lugar donde estaba Eliseo, este le preguntó “¿Dónde has estado, Giezi?”, y él muy cínicamente respondió: “tu siervo no ha ido a ninguna parte”. Cuando perdemos la integridad estamos parados en la capa de hielo fino del lago de la perdición, y en cualquier momento esa capa se quebrará. “No, yo no estuve allí”; “no, tengo días que no veo a esa persona”. Lo más triste de este caso es que el mismo pasaje dice: “entró y se puso delante de su señor”. Cuántos siervos que ya tienen y visitan lugares secretos entran y se ponen delante de su “Señor” como si nada hubiese pasado. Ministran desde los púlpitos como si no hubiesen hecho nada indebido, levantan las manos y adoran, hasta lloran en la plataforma y hablan con un manto de quebrantamiento falso. Necesitamos cerrar esos lugares secretos para estar íntegros delante de nuestro Señor. Al pueblo lo podemos engañar, pero jamás olvidemos que al Señor no lo podremos engañar. La diligencia clama para que recobremos la integridad. En una iglesia, cada domingo, ella, de rostro juvenil y mirada “inocente”, dirigía la adoración. Era impresionante verla dirigir la alabanza, sus manos alzadas, sus ojos cerrados y su rostro que casi resplandecía la alabanza. A los hermanos les gustaba cuando ella dirigía. Un día la congregación entera se sacudió cuando supo que, aunque un joven de la iglesia era su novio, hacía dos años que convivía sexualmente con el jefe de su trabajo. Sin

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embargo, cada domingo se presentaba ante el Señor y ante el pueblo en alabanza. Había perdido la integridad. Cuidado con el pago justo. La Biblia dice claramente: “Todo lo que el hombre sembrare eso también segará”. Tres cosas encontramos en 2 Reyes 5:26-27 que hablan de la posición de Dios ante nuestra negligencia. “¿No iba contigo mi corazón…?” El corazón de Dios está con sus siervos. No podemos ocultarnos de la presencia de Dios. David lo expresó cuando dijo: “¿y a dónde huiré de tu presencia?”. El corazón del Señor está siempre con nosotros, aun cuando estamos en nuestros lugares secretos. “¿Acaso es tiempo de aceptar dinero y de aceptar ropa, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?”. Estamos viviendo los últimos tiempos. Nos ha correspondido a nosotros ser protagonistas de los últimos eventos de la historia y de la vida de la Iglesia, por lo tanto, ya no hay tiempo para nuestro propio provecho personal. Hay una tarea que aún no se ha terminado y nos corresponde a nosotros terminarla. “Por tanto…”. Porque no respetaste mi presencia, cuando estaba allí mi corazón, y porque no respetaste la urgencia de la misión encomendada, al no prestar atención a lo dicho, “la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tus descendientes para siempre”. Cuando me deslizo no solo me afecto yo, mi descendencia también; y, en algunos casos, es “para siempre”. Cuando eso pasa termino bloqueando el camino a las transiciones del Espíritu. En muchos casos Dios ha retirado la unción de sus siervos, sin retorno. Renovemos nuestra mente, reflexionemos y volvamos a las sendas antiguas. Retornemos nuestra mirada y nuestro corazón a

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Hebreos 2:1: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”. En los últimos años hemos hecho más énfasis en el amor y misericordia de Dios, y nos hemos olvidado un poco de su justicia. Las dos cosas deben estar balanceadas. No olvidemos el privilegio que el Señor nos ha dado de servirle en su obra. No hay lugar más hermoso que estar en el lugar del servicio santo y no hay oficio más digno que ministrar delante del Señor y delante de su pueblo. Pero, es necesario que pongamos diligencia para servir con sinceridad y prestando atención a lo que hemos oído. Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios; porque mientras hagáis estas cosas nunca tropezaréis. –2 Pedro 1:10

Esta promesa también es para nosotros, la promesa de no caer jamás; pero si procuramos hacer firme nuestra vocación y elección. Esto se logra poniendo atención a lo que hemos oído. Y entonces seremos sorprendidos por una nueva transición del Espíritu.

Reflexión • ¿En qué áreas estás perdiendo la diligencia? • ¿En qué forma has usado máscaras? • ¿Cuándo has usado el nombre de Dios en vano, hablando en nombre de Él? • Haz una oración escrita al Señor pidiendo su ayuda en la diligencia.

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capítulo 6

Se VenDen MilaGroS… ¡MientraS MÁS caroS MeJor!

F

ue una noche anhelada, luego de un intenso día de trabajo. Lo que deseaba era sentarme en el sofá de mi casa y disfrutar unas dos horas de televisión antes de ir a la cama. El control remoto me llevó a navegar en la cresta de las olas tecnológicas hasta que un buen partido de fútbol me atrajo la atención, pero ya estaba terminando, quedé con ganas de más. En mi hambre de más deporte, al buscar, mis ojos quedaron fijos en un canal cristiano. Quien allí hablaba estaba desesperadamente compungido. Yo, creyendo que era algo espiritual, me quedé para saber más de lo que había tocado el corazón del que hablaba. Solo necesité cinco minutos para enterarme de que su quebranto era un mecanismo para convencer a los televidentes de la urgencia de dar más dinero para “su causa”. Mi sorpresa se desbordó cuando mencionó que Dios estaba dispuesto a hacer el milagro por la familia, el hijo o el negocio, pero para ello era indispensable y necesario que se aportara cierta cantidad de dinero, ya que de esa manera se daba un paso de fe y se establecía un pacto con el Eterno, quien se vería comprometido a hacer el milagro por

se venden MILagRos… ¡MIentRas Más caRos MejoR!

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amor a la fe del que ponía parte de su vida, traducida en dinero, en el altar de Dios. Mi mente inquieta se trasladó de inmediato al pasaje bíblico de Juan 2. Este pasaje presenta una imagen increíble de Jesús limpiando el templo. La Pascua de los judíos estaba cerca, y Jesús subió a Jerusalén, y encontró en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó a todos fuera del templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre una casa de comercio. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu casa me consumirá. –Juan 2:13-17

¿Se ha imaginado por un momento esta escena en la que el maravilloso Jesús, lleno de ternura y compasión por el perdido, quien tocó al leproso y le dijo a la mujer pecadora: “vete, y no peques más”, ahora aparezca en una escena totalmente diferente? ¿Por qué? ¿Cuál celo lo consumía? El pasaje describe que Jesús hizo un látigo de cuerdas y echó a todos del templo con sus ovejas y bueyes, volteó las mesas de los cambistas y regó las monedas en el piso, mientras levantaba la voz y decía con autoridad: “saquen esto de aquí”. ¿No estaba esta gente facilitando al pueblo que había venido a la fiesta de la pascua los recursos para que adoraran a Dios? No era posible para la gente, que viajaba hasta tres días de camino, traer los animales para el sacrificio, porque los sacerdotes del templo los revisaban para asegurarse de que no tuvieran defecto, y era un riesgo que algunos de esos animales tuviera

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un percance en el camino. Era mejor comprarlos allí, libres de cualquier defecto. Los cambistas facilitaban las monedas correctas, ya que las ofrendas debían hacerse con monedas judías porque las monedas romanas tenían la efigie del César, y esto era considerado por muchos como una idolatría. Otras monedas venían de lugares foráneos y no eran aceptables como ofrenda para el templo. Eso justificaba a los cambistas en el templo. ¿Cuál era realmente el problema? ¿No estaba todo dirigido a la adoración a Dios? Amados, el problema estaba en el corazón y en la motivación. El fin no justifica los medios. El problema eran los intereses que se cobraban al hacer el cambio y la ganancia obtenida de la venta de los animales, en la que participaban tanto los vendedores como los sacerdotes que lo permitían, cuando Dios había prohibido en su Palabra: No cobrarás interés a tu hermano: sobre dinero, alimento, o cualquier cosa que pueda ser prestado a interés. Podrás cobrar interés a un extranjero, pero a tu hermano no le cobrarás interés a fin de que el Señor tu Dios te bendiga en todo lo que emprendas en la tierra que vas a entrar para poseerla. –Deuteronomio 23:19-20

Altos intereses eran cobrados por el cambio de moneda y comercialización de productos; eran abiertamente manejados en el templo y con una silenciosa aprobación de los sacerdotes. En realidad, como lo dijo Jesús, habían convertido el templo en cueva de ladrones. Esa palabra era realmente dura. Jesús se constituyó en un profeta y reformador del estilo religioso judío de ese momento. Alguien dijo que en estos días la Iglesia necesita un reformador. Y creo que ese reformador no es

Se venden milagros… ¡mientras más caros mejor!

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una persona común y corriente sino el Señor Jesús, quien está listo para llevar a su Iglesia al camino genuino y verdadero. Quizá alguien podría preguntar: “Entonces, ¿no puedo acaso tener alguna ganancia sobre producciones hechas para bendecir el pueblo, tales como libros, Cd o Dvd?” No se enfoca este pasaje en aquello en lo que se puso esfuerzo o dedicación y, por supuesto, inversión de dinero para la producción, sino en el interés exagerado y en la motivación errada. Peor aún, lo que sí va más allá de lo que pasó en el templo, es la comercialización de los milagros de Dios. Pedimos milagros, como si no fuese el milagro más evidente el que los pidamos. Miguel de Unamuno (1864-1936). Filósofo y escritor español.

Jesús en su ministerio realizó milagros portentosos, y jamás lo vemos ni cobrando ni comercializando la realización de esos milagros. Cuando ofrezco la acción de Dios sobre la necesidad de una persona en base a la cantidad de dinero que puede aportar estoy definitivamente cayendo en la perversión espiritual. “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín y se lanzaron por lucro en el error de Balaam y perecieron en la contradicción de Coré” (Judas 1:11). Comprometer a Dios para hacer milagros condicionado por la cantidad de dinero que se ofrece, es hacer a un lado su misericordia, su gracia y su justicia, y presentar una imagen distorsionada del majestuoso Dios. Un gran milagro sucedió en la piel del general sirio Naamán. Cuando su piel leprosa se convirtió en la de un niño, por el 66 /

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milagro que Dios realizó a través del ministerio del siervo Eliseo, Naamán quiso recompensar de buena manera al ministerio de Eliseo. El pasaje dice así: Y regresó al hombre de Dios con toda su compañía, y fue y se puso delante de él, y dijo: He aquí, ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego, pues, que recibas ahora un presente de tu siervo. Pero él respondió: Vive el Señor, delante de quien estoy, que no aceptaré nada. Y Naamán le insistió para que lo recibiera, pero él rehusó. –2 Reyes 5:15-16

Acá encontramos a un hombre de Dios que no sabía manejar expresiones tales como “pacto”, “siembra”, “semilla” ni “tierra fértil”. Él solo sabía administrar misericordia, compasión, ternura al necesitado, y su lema parecía ser: “de gracia recibisteis, dad de gracia”. En el mismo pasaje encontramos al siervo de Eliseo, Giezi, que alcanza a Naamán para pedirle en nombre de Eliseo que le envíe dinero y ofrenda, y usa el nombre de su amo, por lo cual la Biblia cierra el caso con las palabras de Eliseo a su siervo: ¿No iba contigo mi corazón, cuando el hombre se volvió de su carro para encontrarte? ¿Acaso es tiempo de aceptar dinero y de aceptar ropa, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tus descendientes para siempre. Y él salió de su presencia leproso, blanco como la nieve. –2 Reyes 5:26-27

Se venden milagros… ¡mientras más caros mejor!

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El siervo de Eliseo había caído en el nivel más bajo de la religiosidad al querer sacar provecho de los milagros divinos. Quienes hemos sido llamados por Dios al ministerio sabemos que necesitamos enseñar al pueblo la importancia de dar y, a la vez, mantener el equilibrio sin explotar el hambre espiritual de la gente y, menos aún, manipular a las almas necesitadas presentando a un Dios que hace milagros solo en proporción con el dinero que damos. La Biblia nos muestra que Dios nos ha dado todo ya. Necesitamos administrar bien lo que hemos recibido para ver las puertas abiertas en el futuro. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. –2 Pedro 1:3

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? –Romanos 8:32

La promesa de Jesús es: “Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré”. Los milagros financieros no se resuelven a través de ofrendas sin cambiar el estilo de vida. Los milagros financieros suceden cuando comenzamos a ser fieles administradores de lo que Dios nos ha dado.

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¡Actúa en vez de suplicar! ¡Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Solo así podrá cumplirse tu peculiar destino. Ludwig van Beethoven (1770-1827). Compositor y músico alemán.

Cuando estábamos más desposeídos, Dios nos dio su más grande regalo de amor, su Hijo, esperando solo que nosotros creyéramos en Él. Y por eso las palabras del Maestro aún hoy resuenan con fuerza de trueno y resplandor de gloria: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8). Decidamos hoy no desvalorizar la calidad de Dios, quien en su gracia no vende los milagros, sino que extiende su mano compasiva para tocar al afligido. Nos convertimos en líderes de papel con pies de barro cuando rebajamos la gracia y la misericordia de Dios al valor del dinero.

Reflexión • ¿Cómo estás presentando la imagen de Dios ante quienes ministras? • ¿Cuál es tu real motivación en todo lo que haces? • ¿Es impactada la gente con la misericordia de Dios que llega de manera libre al necesitado?

Se venden milagros… ¡mientras más caros mejor!

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capítulo 7

entre aPóStoleS Y aPoStolaDoS

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o había visto a este pastor amigo por unos dos años. Lo encontré en la sala de espera de uno de los aeropuertos de América Central. Fue una alegría intercambiar experiencias, recuerdos y momentos vividos en el pasado en el ministerio. Entonces vino la pregunta que ritualmente hago a compañeros de ministerio a quienes no he visto por mucho tiempo. “¿Y cuál es tu próxima meta? ¿Hacia dónde Dios te está llevando en los próximos cinco años?” Y mi amigo con una sonrisa en los labios me dijo: “Estoy viajando a la ciudad tal, porque recibiré la unción apostólica del apóstol fulano”. Entonces me di cuenta de que mi amigo había sido atraído, como muchos más, por la corriente del momento. El llamado de la aerolínea a abordar interrumpió sin misericordia nuestra plática. Ya en el avión mi pensamiento me estimuló con la expresión: “la Iglesia de hoy está entre apóstoles y apostolados”. Es innegable que la Biblia en Efesios 4:12 habla claramente de ministerios múltiples. Es decir, una red completa puesta al servicio de la edificación del cuerpo de Cristo, para que cada

entRe aPóstoLes y aPostoLados

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miembro desarrolle, proyecte y fructifique el ministerio dado por Dios. Sin embargo, recordemos que en los últimos cien años la Iglesia cristiana evangélica se ha movido rápidamente a través de la cresta de las olas de nuevos enfoques que toman vigencia y luego disminuyen en fuerza, trayendo frustración tanto a los ministros que corren desesperados en búsqueda de alguna renovación como del cuerpo de creyentes que espera la dirección de sus líderes. ¿Hay algo errado en esto? ¿En algo afecta a la Iglesia? Necesitamos recordar que debemos hacer distinción entre forma y fondo. La forma en nada afecta, el fondo o fundamento sí. Pablo en la carta a los Efesios explica claramente el fondo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. –Efesios 4:11-13

Jesús es quien constituye, selecciona y nombra cada uno de los ministerios, no es un maestro, profeta o apóstol quien lo hace. Estos ministerios son múltiples, diferentes, únicos y balanceados. No son una escala jerárquica. La finalidad de los cinco ministerios es “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”, no es tener otros ministerios debajo de sí mismos para gobernarlos. Es perfeccionar y liberar. Otra finalidad es edificar a todo el cuerpo de Cristo. La meta final es que todos, tanto los ministerios como los creyentes, lleguemos a la unidad de la fe. De manera que cuando un movimiento, que exalta un ministerio en particular, 72 /

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divide y fracciona ha perdido la meta final: que todos lleguemos al conocimiento del Hijo de Dios a la estatura de la plenitud de Cristo. El efecto final es ser como Jesús lo fue y, aunque era el Señor, nunca exigió supremacía alguna sobre los demás, sino que dio la mejor lección de humildad. Cuando mantenemos este fondo la forma pasará desapercibida, y solo esa forma podrá servir para hacer más práctica la labor de la extensión del Reino. El ministerio apostólico inicia con Jesús al momento de nombrar a sus apóstoles y establecerlos “para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Marcos 3:13-15). Es decir, les hizo un firme llamado a: • Mantener un compañerismo íntimo con Jesús. • Mantener un compromiso real con la predicación de su Palabra. • Mantener la autoridad para sanar enfermos y echar fuera demonios. El libro de los Hechos amplía estas características a nivel global, poniendo en evidencia que los apóstoles desarrollaron roles como: • • • •

Ser promotores de la obra de Jesús. Confirmar a la Iglesia a través del discipulado. Abrir senderos donde no había. Ser visionarios.

Entre apóstoles y apostolados

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Cada apóstol desarrolló roles particulares, lo que significa que no había un patrón a seguir, o un solo modelo o combinación de dones como normativa a idealizar. A lo largo de la historia de la Iglesia podemos observar en un vistazo general que la Iglesia fue perdiendo la sencillez marcada por Jesús y los primeros apóstoles. Veámoslo de esta manera. Siglo I. La Iglesia nace con apóstoles y crece, aun en medio de gran persecución. Los miembros de la iglesia en Jerusalén fueron esparcidos por toda Judea y Samaria; lo que hacían era llevar adelante la misión: predicar a Jesucristo. Los apóstoles fueron muriendo, el último fue Juan al final del siglo I. Los hombres que, discipulados por los apóstoles, los sucedieron fueron llamados los Padres Apostólicos (Clemente, Ignacio, Papías, Policarpo). El nombre de “padres” era una designación popular, dada la ternura paternal que reflejaban. La tarea de estos padres culmina en el siglo II. Siglo II. En el último tercio del siglo II, aparece la idea de universalidad y comienza a denominarse a la Iglesia como Iglesia Católica (no romana). Ireneo, uno de los más grandes teólogos de ese siglo y obispo de Lyon, enseñó la unidad de la Iglesia. Una unidad espiritual y no orgánica. Lamentablemente y, a pesar de esa enseñanza, se tergiversó el concepto de unidad espiritual y surgió una tendencia a transformar esa unidad en unidad organizacional. Ireneo también enseñó que Pedro y Pablo fundaron la iglesia de Roma, designando sucesores. (No hay apoyo bíblico e histórico fidedigno para sostener esta teoría).

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Siglo III. A mitad del siglo III, Cipriano, obispo de Cartago, enseñó que la Iglesia Universal (fuera de la cual no había salvación), debía ser gobernada por los obispos sucesores de los apóstoles. Él sostuvo que la autoridad apostólica había sido dada primero a Pedro. Así fue como la Iglesia de Roma se hizo predominante, porque se creía que él la había fundado. Siglo IV. El cristianismo se fue institucionalizando poco a poco, cediendo a las presiones imperiales. Los emperadores utilizaban la fe cristiana para sus fines políticos con el propósito de unificar el Imperio que estaba en decadencia. En este contexto, el sacerdocio universal de los creyentes dio lugar al surgimiento de un clero (conjunto de sacerdotes o eclesiásticos, clase sacerdotal), y este clero se transformó en el símbolo de lo sagrado. La Iglesia, el mundo y el Imperio eran una sola cosa. Ser ciudadanos del Imperio, era ser cristiano, y viceversa. Ciudadanía imperial y condición cristiana, llegaron a ser sinónimos. Siglo V. Se intensificó la idea de sucesión apostólica o secuencia de nombramiento de obispos. Finalmente, Roma salió airosa en su debate y el Papa, el obispo de Roma, llegó a ser reconocido como el obispo superior a todos. De ahí el nombre de Iglesia Católica Romana. Siglo V-XV. La Iglesia ingresó al período conocido como Edad Media, que va del siglo V al siglo XV, durante el cual la Iglesia institucional ganó un inmenso poder político y social, lo que produjo oscurantismo espiritual. De esta forma se alejó de la verdadera enseñanza y práctica apostólica.

Entre apóstoles y apostolados

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Siglo XVI. La Reforma Protestante del siglo XVI empezó a sacar a la Iglesia de las tinieblas espirituales que habían cegado su mente por varios siglos. Esto gracias a Martín Lutero. La Reforma, desafió la doctrina monopólica de la sucesión apostólica, ya que Lutero consideraba que la autoridad apostólica solo está en la Biblia, más que en la Iglesia y sus instituciones. Desafortunadamente, algunos de los más prominentes reformadores, también creyeron que el período apostólico había cesado al mismo tiempo que el Nuevo Testamento; conociéndose esto como cesacionismo. Se ignoraron a raíz de eso el ejercicio de los cinco ministerios de Efesios. El enfoque principal de la Reforma fueron los pastores. Parecía que era el único ministerio aprobado. Cuando me convertí, hace cuarenta y seis años, el enfoque de la Iglesia eran los evangelistas, y todos los demás ministerios quedaban relegados a un segundo plano. Luego vino la época de los profetas y profetizas; y mucha gente esperaba con ansias encontrarse con el profeta o la profetiza para recibir la dirección divina. En tercera esfera apareció la onda de los maestros; y muchos ya no querían ser evangelistas ni profetas sino maestros. Ahora hemos entrado en un movimiento apostólico donde muchos ministros ya no ven importante ser conocidos como pastores, maestros o evangelistas, sino como apóstoles. Una nueva etapa que ha exagerado y desbalanceado el equilibrio de los cinco ministerios al poner por encima de los demás a los nuevos apóstoles y profetas, y al conferirles un grado más alto de autoridad sin que los que están más arriba tengan a quien rendirle cuentas. Lo que podemos ver es un regreso al enfoque de la Iglesia en los siglos anteriores. En realidad, a la luz de las Escrituras, no hay nada que trate del nombramiento de apóstoles como cargos de influencia por

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encima de los otros luego de los apóstoles originales. Pero sí la Biblia muestra en Efesios 4 el equilibrio que debe existir entre los ministerios: pastores, maestros, apóstoles (enviados, misioneros, visionarios), evangelistas y profetas. Quiera Dios que, como líderes de esta época, podamos cada día centrarnos más en la Escritura, sin tener que correr tras nuevas corrientes propulsadas por líderes carismáticos que, con motivaciones erradas, en el fondo buscan ser reconocidos, aplaudidos y casi venerados por un pueblo que cada día aumenta en el analfabetismo bíblico y desesperadamente busca lo mágico, atractivo y novedoso. Nunca olvidemos que como líderes nuestro ejemplo, mentor, Señor y modelo por excelencia es Jesús el Nazareno, quien con su ejemplo de humildad y sencillez, nunca proclamó un título ni un lugar de preeminencia, sino que se humilló tomando forma de siervo y, por haberse humillado, Dios le exaltó hasta lo sumo y le dio un Nombre que es sobre todo nombre (Filipenses 2). Volvamos a lo original y tomemos el camino de la sencillez; el camino de la cruz para luego ir al trono. Líderes de papel con pies de barro copian a otros. Líderes originales solo miran al único modelo de liderazgo en su sencillez y plenitud: Jesús de Nazaret.

Reflexión • ¿Qué modelo estás siguiendo en tu liderazgo? • ¿Estás mirando a Jesús como tu único modelo o a quién estás tratando de imitar? • Tu decisión hoy es…

Entre apóstoles y apostolados

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capítulo 8

el ProceSo Del QueBrantaMiento en lÍDereS De PaPel

“H

e sido quebrantado muchas veces”. Así me dijo este hombre que hablaba conmigo mientras tomábamos un café. “Creo que una vez más no podré aguantar. Ha sido una detrás de otra, y eso me ha drenado el espíritu”. Realmente al oír toda su historia mi corazón se estremecía. No sabía qué responderle. Decirle simplemente que confiara más en Dios, o que orara más o que no dejara de asistir a la iglesia no le iba a ayudar en nada. Él quería algo más sustancial. ¿Por qué Jesús dijo “Bienaventurados [totalmente felices] los que lloran, porque ellos serán consolados”? “Las lágrimas son la sangre del alma”, dijo San Agustín. El trabajo del Espíritu es quebrar nuestro ego y nuestra voluntad para que podamos reflejar a Cristo. Nuestra vida es como un grano de trigo; una cáscara dura protege y encierra la vida; para que salga, la cáscara necesita ser quebrantada, partida, despedazada, desmenuzada y, entonces, la vida fluye para generar otros granos.

eL PRoceso deL QuebRantaMIento en LídeRes de PaPeL

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El Señor Jesús nos habló de esto cuando dijo: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino solo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas. Maurice Maeterlinck (1862-1949). Escritor belga.

Instrumentos de quebrantamiento Dios, como el artesano eterno, tiene sus propias herramientas para llevarnos al quebrantamiento y así moldearnos con facilidad. ¿Cuáles son esas herramientas más comunes? La primera herramienta que Dios usa es su dulce susurro en el corazón humano. Dios sabe y le gusta hablar con susurros al corazón. Su dulce y tierna voz, su gentil y caballerosa manera de comunicarse llega primero al corazón para producir en nosotros un voluntario quebrantamiento. Sin embargo, estamos tan ocupados en nuestros propios proyectos, sueños y ambiciones que no lo escuchamos o no lo queremos escuchar. El ojo ve bien a Dios solamente a través de las lágrimas. Victor Hugo (1802-1885). Novelista francés.

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La segunda herramienta que Dios usa, si ignoro su susurro en mi corazón, es la Palabra (Hebreos 4:12). Dios, para quebrantarnos, usa su propia Palabra a través de versos; y sabemos que Él nos está hablando directamente. Dios espera que soltemos nuestro corazón en respuesta a su Palabra. Si lo resistimos, Él usará la próxima herramienta. La tercera herramienta son los amigos y familiares. Personas que reciben de Dios una palabra para nosotros y desfilan lentamente para convencernos de que hay algo que necesitamos modificar, restaurar o quebrar en nuestra vida. Si con estas herramientas anteriores aún no respondemos al quebrantamiento, Dios usa la última y más dolorosa herramienta: las reprensiones de la vida. Estas reprensiones pueden ser pérdidas económicas, quebranto físico, pérdida de relaciones y todo lo que produce un profundo dolor en el alma. Dios trae o permite cosas para revelar lo que está errado dentro de nosotros y así corregirlo. Nosotros equivocamos el proceso de Dios y lo confundimos con la mano del hombre. En este proceso Dios usa gente, eventos y circunstancias. Cuando corremos de una persona o circunstancia, y no entendemos el proceso de quebrantamiento, terminaremos agotados, desilusionados y heridos. Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia.Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada. –Santiago 1:2-4 (NVI)

La palabra clave aquí es: “considérense” (hegeomai, una palabra para “economía, cuentas, libro de cuentas”, en griego), no es

El proceso del quebrantamiento en líderes de papel

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“muy dichosos”. Cuando sabes lo que el Espíritu está haciendo en tu vida y entiendes hacia dónde Dios te está llevando, comienzas a secarte las lágrimas, porque ya sabes que Él incluso está usando los eventos negativos de tu vida para liberar tu espíritu. Si lloras de alegría, no seques tus lágrimas: las robas al dolor. Paul Jean Toulet (1867-1920). Escritor y crítico francés.

Beneficios del quebrantamiento • • • •

Dios transforma tu personalidad. Aprendes a oír a Dios. El Espíritu te dota de discernimiento (1 Corintios 2:15). Vivirás en otro nivel.

Vamos, acepta transitar el camino del quebrantamiento con gozo y libertad. En el quebrantamiento se deshacen los papeles, y el barro de nuestros pies de líderes se desintegra para llevarnos a una nueva dimensión. La dimensión de lo extraordinario.

Reflexión • ¿Identificas posibles quebrantamientos que estarías experimentando? • ¿Cuál ha sido hasta este momento tu actitud? • ¿Qué cosas consideras más difíciles de aceptar en tu proceso de quebrantamiento?

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capítulo 9

¿DónDe eStÁn loS naZareoS?

A

rrastraba sus sandalias llenas de polvo mientras su bastón intentaba sostenerlo. Habían sido días y días los que había transitado por montañas y valles, ríos y riachuelos. Algunos muchachos en el camino le habían lanzado piedras mientras le gritaban “¡loco!, ¡loco!” Pesadas gotas de sudor recorrían su frente y se desplegaban como gotas de una fuente siempre abierta. En su mano un pedazo de pan viejo y duro con un poco de miel era lo que poco a poco mordía, mientras su mirada parecía perderse en la lontananza. ¿Hacia dónde iba? Nadie lo sabía. Las ancianas del pueblo lo miraban con lástima, y los sacerdotes con ira oculta y amarga. Unos cuantos lo seguían a pocos metros de distancia esperando oír una palabra de fuego que saliera de sus labios. ¿Quién era? ¿Sansón? ¿Juan el Bautista? Podría ser, pero sin duda era un nazareo. El voto de nazareo era un voto voluntario hecho por un hombre o una mujer del pueblo. Algunas veces este voto era de por vida, impuesto al nacer, como en el caso de Sansón (Jueces

¿dónde están Los nazaReos?

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16:17); otras, era un voto temporal, como lo expresa Hechos 21:23-24. La palabra nazareo en hebreo significa “apartado o separado”. Juan el Bautista, como un nazareo, parece que comenzó su ministerio en el desierto (Mateo 3:1). El Antiguo Testamento describe el voto de los nazareos en Números 6:1-21. No debemos confundir nazareos con nazarenos. Los nazarenos eran los originarios de Nazaret. Los nazareos eran gente que hacían un voto, ellos o sus padres. Eran siervos de Dios que habían hecho un voto especial de consagrarse enteramente a Él. El nombre nazareo viene de la misma raíz que significa separado; era entonces uno separado de todo lo que podía contaminarlo. Tenía que abstenerse de la vid en todas sus formas (Números 6:3-4) y evitar el contacto con la muerte (vv. 6-7). Durante todo el período de su consagración tenía que dejarse crecer el cabello (v. 5), que era un símbolo visible de su santidad. Las reglas en Números 6 demuestran que la santidad de un nazareo era del mismo nivel que la del sumo sacerdote, porque un sacerdote podía contaminarse cuando moría un pariente cercano, pero el sumo sacerdote no podía hacerlo (Levítico 21:1-3; 10-11). La muerte era causa de contaminación para todos los hombres de Israel (Números 5:2-3), pero era especialmente severa para los que debían estar enteramente consagrados a Dios, como eran el sumo sacerdote y el nazareo. El voto nazareo, entonces, era un culto para dedicarse al Señor de por vida o por un tiempo limitado. La “experiencia nazarea” en Números 6 nos llama a una vida consagrada. Según el comentario bíblico3:

3. Comentario Bíblico Mundo Hispano – Tomo 3 Levítico, Números y Deuteronomio.

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I. La vida consagrada es voluntaria. El v. 2 dice: Si un hombre o una mujer hace el voto especial de ser nazareo para estar consagrado al Señor. Ese “si” infiere que no eran muchos los que en el tiempo de Moisés harían ese voto de consagración. Tampoco lo hacemos en el día de hoy aunque debiéramos. II. La vida consagrada es una vida separada. El v. 3 dice que la persona consagrada debía abstenerse de ciertas cosas. La consagración voluntaria incluye negarse a sí mismo. La persona consagrada se separa de los placeres aunque sean sencillos y legales pero que pueden apartarla de la comunión con Dios. El nazareo hacía un voto de abstenerse del vino de la vid. ¡Ni siquiera podía comer pasas! Las alegrías normales de todos los días se dejaban a un lado y se reemplazaban con un nuevo gozo en el Señor (Efesios 5:18; Salmo 16:11). La persona consagrada debía abstenerse del aplauso y la aprobación del mundo. La segunda etapa del voto nazareo parece extraña, el nazareo no podía cortarse el pelo. No tenía que estar preocupándose por su apariencia personal. El cabello sin cortar simbolizaba la fuerza natural del nazareo que se consagraba y dedicaba al Señor. No debía preocuparse por tener la aprobación de otros. La persona consagrada se separaba de las relaciones terrenales que entraban en conflicto con el reino eterno de Dios. Tanto Jesús como el relato de Números nos dicen que no hemos de permitir que otras relaciones interfieran con nuestro servicio a Dios. III. La vida consagrada es una vida que pertenece al Señor. El v. 8 dice: Todo el tiempo de su nazareato será santo al Señor. El Nuevo Testamento declara que no nos pertenecemos, pues hemos sido comprados por precio a fin de que glorifiquemos al Señor. La persona consagrada pertenece al Señor y tiene un servicio extraordinario que cumplir (Sansón, Samuel y Juan el Bautista). Los tres fueron nazareos de por vida. Nuestro servicio también será

¿Dónde están los nazareos?

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extraordinario porque también nosotros nos hemos consagrado a Dios. La persona consagrada experimenta una renovación singular. Si el nazareo quebrantaba su voto tenía que empezar de nuevo con todo el culto ritual mencionado en el texto. Tenemos la misma necesidad cuando “retrocedemos”.

La pregunta es: “¿dónde están los nazareos de hoy?” Tenemos muchos apóstoles y otros que lo quieren ser, muchos pastores, muchos evangelistas, maestros y profetas. Tenemos muchos doctores y especialistas en todas las ramas de la religión. Muchos sacerdotes y rabinos, y hasta patriarcas, pero… ¿dónde están los nazareos? ¿Acaso hoy se necesitan? Rescatemos algunas cosas que rodearon la vida y ministerio de los nazareos para saber si son aplicables hoy o no. En el caso de dos de los más prominentes nazareos, como lo son Sansón y Juan el Bautista, los dos nacieron en un hogar donde la esterilidad, la tristeza y la vida infructífera eran notorias. Los dos tenían madres estériles. Ese denominador común nos diría que los nazareos surgen en medio de un ambiente estéril e infructífero como un rayo de esperanza y como una lluvia temprana. Si vemos el ambiente actual fuera y dentro de la Iglesia veremos que esa esterilidad y vida infructífera abren la posibilidad para que Dios levante nazareos. Quizá alguien me dirá: “Esterilidad, no, hermano, ¿no ve cómo la Iglesia crece?”. No es cuestión de números es cuestión de impacto. Los números no cambian el entorno, la vida sí. Eventos pueden producir números, pero ¿estamos impactando realmente la sociedad? Muchos títulos no cambian nada. Aún algo necesita pasar. Entonces creo que sí, el ambiente está dado para que surjan los nazareos. ¿Y para qué? ¿Qué hacen? ¿Qué producen? ¿Qué impactan?

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Los nazareos no tienen palabras bonitas, adornadas ni rimbombantes, sino palabras correctas y directas para el momento exacto. ¡Oh, generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento… el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto, se corta y se echa en el fuego. –Lucas 3:7-9

Los nazareos pasan mucho tiempo solos por dos razones: una, porque la mayoría de la gente no quiere estar con ellos porque le ponen agua a la fiesta; y otra, porque ellos aman estar cerca de Dios y solo con la gente a quienes Dios los lleva a compartir. Los nazareos no aman los eventos, sino los momentos; no buscan publicidad, sino intimidad. No buscan los jardines ni los parques, sino que aman los desiertos donde la tierra seca y resquebrajada anhela ver un día flores. “Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel”; “Voz del que clama en el desierto…” (Lucas 1:80; 3:4). Los nazareos son predecesores, proclaman lo que viene, y desaparecen para no eclipsar al Sol de Justicia. “E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17). No se promueven a sí mismos, sino que exaltan al Maestro y Señor de la Iglesia. “… pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado” (Lucas 3:16). No buscan tronos ni las primeras sillas; su lugar final podría ser una prisión. “Entonces Herodes (…) encerró a Juan en la cárcel”

¿Dónde están los nazareos?

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(Lucas 3:19-20). No buscan coronas porque saben que en cualquier momento podrían perder la cabeza. “Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar…” (Lucas 9:9). Los nazareos parecen pequeños e insignificantes a los ojos de los hombres o de las estructuras religiosas, pero grandes a los ojos de Dios. “Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él” (Lucas 7:28). Los nazareos no proclaman prosperidad sino reclaman santidad, porque la santidad tiene su raíz en el corazón, mientras que la prosperidad la tiene en la mente, la vanidad y la cartera. “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. Todo valle se rellenará, y se bajará todo monte y collado; los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados” (Lucas 3:4-5). Los nazareos confrontan el pecado a cualquier nivel sin mirar el precio tan alto que terminan pagando. “Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho…” (Lucas 3:19). ¿Será por todo esto que escasean los nazareos? Sé que los hay, y la Iglesia los necesita. El clamor aumenta. Hay desilusión, dolor y quebranto. La esfera sacerdotal parece cada día degradarse. Muchos ministros están perdiendo el horizonte, y las ovejas se sienten solas y angustiadas anhelando quien las dirija no como profesional, sino como siervo, de corazón. ¿Dónde están los nazareos que traen palabra de confrontación y esperanza? Están a la vuelta de la esquina. Ellos lo saben, pero también experimentan temor, creen que lo que sienten es de ellos. Dios está cerca para despertarlos, y cuando se levanten no temerán perder la cabeza ni los hará temblar las cárceles; porque el Señor, quien los llama,

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los sustentará y cumplirán su labor; luego se irán a la esfera eternal donde nadie los despreciará. Mientras tanto, con sus pies cansados y su boca seca, su pelo lleno de polvo, y con el pedazo de pan en su mano, seguirán a donde Dios los llame, aunque los muchachos del pueblo tirándoles piedras los llamen: “¡locos!, ¡locos!” Y como los púlpitos se cerrarán para ellos, cumplirán su misión por las calles y las casas. El pueblo hambriento de esperanza… escuchará ávido a los nazareos. El que tiene oídos para oír que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Los nazareos son líderes genuinos levantados por Dios para traer una palabra de esperanza en medio de una generación donde los papeles y el barro imperan.

Reflexión • ¿Arde tu corazón últimamente sobre lo que rodea a la sociedad? • ¿Cuál es tu anhelo como instrumento de Dios frente a este ambiente? • ¿Ya hay un clamor dentro de ti que te consume?

¿Dónde están los nazareos?

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capítulo 10

Yo no laVo eSoS PieS

el fruto del silencio es la oración. el fruto de la oración es la fe. el fruto de la fe es el amor. el fruto del amor es el servicio. el fruto del servicio es la paz. Madre teresa de calcuta (1910-1997). Misionera yugoslava nacionalizada india.

H

abía terminado mis cuatro años de estudios en el Instituto Bíblico, y mi anhelo era ser enviado para servir como pastor en alguna de las iglesias de mi país, Venezuela. Cuando hablé con la directora del Instituto Bíblico, una anciana norteamericana y a la vez pastora de la iglesia donde asistía, me dijo: “No, Serafín, no hay en este momento una iglesia disponible, pero tengo para ti la oportunidad de servir al Señor barriendo la iglesia donde estoy pastoreando”. Di media vuelta superenojado y, mientras caminaba por el pasillo, me dije a mí mismo: “Yo no estudié cuatro años para ser un barrendero”. Me encontré con un amigo, que asistía conmigo a la misma iglesia, y le conté en tono de enojo la oferta que la pastora me

yo no Lavo esos PIes

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había hecho; este amigo tenía un negocio propio. Cuando le dije que no iba a aceptar esa oferta, me respondió: –Oh, yo sí. Siempre he querido servir al Señor y esta es mi oportunidad. Le dije: –¿Y qué vas a hacer con tu negocio? Y él me contestó: –Lo cierro, quiero servir al Señor aunque sea barriendo. Sentí como si me hubiesen dado dos bofetadas en mi rostro. Sentí vergüenza con Dios y conmigo mismo. Tuve que rogarle a mi amigo que no me quitara la oportunidad de servir a Dios. Y, luego de muchos ruegos, logré que me dejara el espacio abierto para seguir. Cinco largos años estuve allí barriendo antes de ser enviado a mi primer pastorado. Los primeros tres años fueron traumatizantes para mi ego enaltecido. Un día, Dios trató conmigo; mientras lavaba los baños con lágrimas de enojo en mis ojos sentí que hablaba a mi corazón y me decía: “De aquí no te sacaré, hasta que cambies tu manera de ver este trabajo. Te he dejado acá para que aprendas la lección básica de la humildad. Fundamento sin el cual no podrás servirme a cabalidad y en forma óptima”. Pedí perdón a Dios y, durante los próximos dos años, mi actitud cambió. Hoy, al tener más de cuarenta años en el ministerio, valoro profundamente lo aprendido allí con la escoba en la mano. El mejor servicio que podemos prestar a los afligidos no es quitarles la carga, sino infundirles la necesaria energía para sobrellevarla. Phillips Brooks (1835-1893). Clérigo episcopal norteamericano.

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Jesús, el Maestro, Señor y Salvador, sorprendió un día a sus discípulos a pocas horas de ir a la cruz. El evangelio de Juan lo escribe así: Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido. –Juan 13:4-5

En el tiempo del ministerio del Señor era una costumbre, cuando llegaban visitas a la casa, que un siervo se encargara de lavar los pies de los visitantes. Las calles polvorientas, los largos trechos caminados y los zapatos de ese tiempo, que eran sandalias abiertas, exigían que el anfitrión proveyera, en términos de cortesía, descanso y la oportunidad de lavar los pies a través de un siervo. No era un trabajo muy apetecido. Por eso, cuando le tocó el turno el apóstol Pedro reaccionó inmediatamente diciendo: “Señor, ¿tú me lavas los pies?” (v. 6). No era un trabajo o acción entendible a primera vista. Razón por la cual el Señor le contestó: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (v. 7). Ante esa acción tan noble, pura, sencilla y confrontadora, lo que primero salió a flote fue el orgullo. “Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás” (v. 8). El verdadero y genuino servicio revela nuestro orgullo. Orgullo disfrazado y sutil. El servicio es clave en la vida. “Quien no vive para servir no sirve para vivir”, recordaba la Madre Teresa de Calcuta. El servicio es la mejor manera de transcender en la vida. El servicio real es siempre mal interpretado. “Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (v. 8).

Yo no lavo esos pies

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Cuando no entendemos el valor del servicio en la perspectiva divina y con carácter de redención, liberación y trascendencia, caemos fácilmente en los extremos: o nos negamos a que nos sirvan o explotamos a quienes quieren hacerlo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis aunque no todos. –Juan 13:9-10

Cuando llegamos a este límite del pasaje surgen preguntas claves que nos obligan a buscar respuesta en el mismo capítulo del evangelio de Juan. ¿Por qué ninguno de los discípulos se preocupó en proveer para el Señor el lavamiento de sus pies? ¿Por qué Pedro se va de un extremo al otro entre “No me lavarás los pies jamás” y “no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza? ¿Por qué siendo tan degradante lavar los pies de todos a la hora de la comida, Jesús tomó el lebrillo, la toalla y lo hizo? ¿Quería acaso impresionar a sus discípulos? ¿Quería darles la lección más grande de su vida? ¿Por qué nos cuesta a nosotros entender en la vida la grandeza del servicio? ¿Por qué queremos vivir como señores para ser servidos aun en el ministerio? ¿Cuál es el fundamento del servicio pleno? Juan capítulo 13 lo explica claramente y demuestra por qué Jesús decidió lavar los pies de sus discípulos; se despliega con claridad lo que yo llamo el fundamento del servicio pleno. La razón por la cual tomó la toalla y el lebrillo se encuentra en el versículo 3: “sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba”. Es un triple fundamento:

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1. Seguridad de quién soy y lo que tengo: “sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos…” 2. Seguridad de dónde vengo: “y que había salido de Dios”. 3. Seguridad a dónde voy: “y a Dios iba”. Estas tres seguridades en la vida son las que van a determinar mi servicio, sin importar dónde ni qué sea. Dormía y soñaba que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví y vi que el servicio era alegría. Rabindranath Tagore (1861-1941). Filósofo y escritor indio.

Jesús sabía sus dones, su ministerio, que todo le había sido dado por Dios el Padre y que había un propósito en todo lo que Dios le había concedido. Cuando esté seguro, de lo que Dios ha puesto en mis manos y el propósito de mi llamado, nadie me detendrá en hacer lo que Dios quiere que haga, aunque no sea entendido por quienes me rodean. Cuando entiendo de dónde vengo, cuál es la trayectoria de mi vida, cómo Dios ha operado en cada unas de las etapas de mi existencia, y que nada se ha perdido en la historia, sino que Él ha trabajado con diligencia desde antes de que yo naciera hasta este día, nadie podrá limitar mi servicio a Dios y a la gente. Finalmente, cuando yo sé a dónde me dirijo, a dónde Dios me lleva y que a la final voy al Padre, entonces, la transcendencia de mi vida y ministerio se dispara con efectividad ilimitada produciendo vida en todo aquello donde pongo mis manos. Aunque sea solo un instrumento para lavar los pies.

Yo no lavo esos pies

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Si te propones algún día mandar con dignidad, debes servir con diligencia. Conde de Chesterfield (1694-1773). Político y escritor inglés.

Por la seguridad que tenía de lo que estaba en sus manos, de dónde venía y a dónde iba, es que el evangelio termina el episodio de esta manera: Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. No hablo de todos vosotros; yo sé a quiénes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. –Juan 13:13-19

Lo que tengo, de dónde vengo y a dónde voy son los tres pilares de una vida enraizada en el servicio para exaltar al Señor. Cerca, muy cerca de nosotros se presentan cada día las mejores oportunidades para servir. Así lo plasmó Gabriela Mistral en su poema.

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El placer de servir Toda naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú. Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los corazones y las dificultades del problema. Hay una alegría de ser sano y la de ser justo, pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir. Qué triste sería el mundo si todo estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender. Que no te llamen solamente los trabajos fáciles ¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan! Pero no caigas en el error de que solo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: ordenar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña. Aquel que critica, este es el que destruye, tú sé el que sirve. El servir no es faena de seres inferiores. Dios que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamarse así: “El que Sirve”. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?

Yo no lavo esos pies

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Vamos…, vamos servir en aquello que Dios nos llama. Pero no podremos servir con pies de barro ni con un liderazgo de papel.

Reflexión • ¿Tienes en claro el propósito de Dios para tu vida? • ¿Qué motiva tu servicio? • Si analizas tu ministerio ¿logras determinar si eres servido o estás sirviendo?

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capítulo 11

treS coSaS Que PueDen ParaliZar tu ViDa

D

esde mi juventud quise practicar un deporte de movimiento como el fútbol o béisbol; no pude, por sufrir de los meniscos. El único deporte que pude practicar fue la natación, ya que no había que hacer giros violentos. Por eso, cada vez que mis amigos me invitaban a practicar uno de esos deportes de acción rápida simplemente contestaba con un solemne: “no puedo”. Una mañana al revisar mi correo electrónico recibí el siguiente pensamiento: “No puedo” es la peor frase que se ha escrito o hablado, haciendo más daño que la calumnia o las mentiras. Sobre ella muchos espíritus fuertes se han quebrantado, y con ella muchos buenos propósitos mueren. Brota, cada mañana, de los labios de quienes no piensan, y nos roba el valor que necesitamos durante el día. Suena en nuestros oídos como una advertencia enviada a tiempo, y se ríe cuando tropezamos y caemos por el camino. “No puedo” es la madre de la iniciativa débil; es quien prohija el terror y el trabajo a medio hacer. Debilita los esfuerzos de inteligentes artesanos y hace del que labora un indolente conformista. Envenena

tRes cosas Que Pueden PaRaLIzaR tu vIda

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el alma del hombre con visión, aplasta en su infancia muchos planes. Saluda al trabajo honesto con abierto desprecio y se burla de las esperanzas y lo sueños del hombre. “No puedo” es una frase que nadie debiera pronunciar sin ruborizarse; el pronunciarla debiera ser motivo de vergüenza. Diariamente aplasta la ambición y el valor; devasta el propósito del hombre y acorta sus metas. Despréciala con todo tu odio por el error que inculca; rehúsale el alojamiento que busca en tu mente. Ármate contra ella como contra una criatura de terror, y todo lo que soñamos algún día lo obtendremos. “No puedo” es la frase que, para la ambición, es un enemigo emboscado que busca destruir nuestra voluntad. Su presa es, para siempre, el hombre con una misión y se inclina tan solo ante el valor, la paciencia y la habilidad. Ódiala, con odio profundo y permanente, porque una vez bienvenida, quebrantará a todo hombre, sin importar la meta que esté buscando. Más bien, sigue intentándolo y respóndele a ese demonio diciéndole: “Sí puedo”. Recordando con vehemencia lo que dijo el apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). –Autor desconocido

Hay muchas cosas que pueden paralizar, pero vamos a hablar solo de tres.

El individualismo y el orgullo te paralizan Habiendo entrado de nuevo en Capernaúm varios días después, se oyó que estaba en casa. Y se reunieron muchos, tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta; y Él les exponía la palabra. Entonces vinieron a traerle un paralítico llevado entre cuatro. Y como no pudieron acercarse a Él a causa de la multitud, levantaron el techo encima de donde Él estaba; y cuando habían hecho una abertura, bajaron la camilla en que yacía el paralítico.

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Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Pero estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban en sus corazones: ¿Por qué habla este así? Está blasfemando; ¿quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Y al instante Jesús, conociendo en su espíritu que pensaban de esa manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decirle: “Levántate, toma tu camilla y anda”? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y él se levantó, y tomando al instante la camilla, salió a vista de todos, de manera que todos estaban asombrados, y glorificaban a Dios, diciendo: Jamás hemos visto cosa semejante. –Marcos 2:1-12

Vivimos en un mundo atiborrado de gente, pero llenos de soledad o mal acompañados. Los amigos son un regalo de Dios. Pero los buenos amigos, porque los malos pueden paralizar nuestra vida. Individualismo o amistades equivocadas son el primer elemento que puede paralizar tu vida. Jesús comienza por ser tu mejor amigo. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre. –Juan 15:14-15

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La acción de los amigos del paralítico hizo la diferencia en este hombre. La vida está llena de conexiones, y cuando nosotros rompemos esas conexiones la vida deja de fluir, ya que la misma corre a través de las conexiones. Los amigos del paralítico: • Estuvieron al lado del amigo en su necesidad. Los verdaderos amigos se demuestran en medio de la necesidad. • Buscaron una solución a su problema. “Vinieron a traerle un paralítico”. Cuando estoy conectado con otros puedo ver cómo muchos de mis problemas empiezan a tener solución a través de esa gente que nos ama. • Frente a los obstáculos los amigos del paralítico buscaron una salida. “Y como no pudieron… levantaron el techo”. Yo solo no puedo, pero otros sí pueden hacerlo por mí. Al romper mi individualismo veo cómo los obstáculos y barreras se caen a través de aquella hermosa gente que Dios me trajo como conexión divina. • La fe de los amigos bendijo al paralítico: “Viendo Jesús la fe de ellos”. Puedo disfrutar la bendición de Dios a través del fluir de vida que otros me transmiten cuando entiendo que no puedo seguir viviendo aislado. Y entonces, cuando veo la bendición de Dios que toca mi vida a través de aquellos que me aman, termino llenando mi vida de agradecimiento. Agradece a: Aquellos que desde su manera de ser, te ayudaron a ser más humano, más sencillo, más sensible a las cosas de Dios. Aquel que inesperado y oportuno supo escucharte comprensivo.

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Aquellos con quienes compartiste tus ratos de juego. Aquel que te ayuda a develar tu riqueza interior. Aquel que con su gran bondad te hizo ser sencillo. Aquel que descubriste un día y se quedó en ti. Aquel que corrigiéndote con cariño te hizo caminar. Aquel que con su vida incansable te animó a luchar. Aquel que sin cansancio siempre esperó lo mejor de ti. Aquel que te exigía siempre haciéndote crecer en la grandeza. Aquel que te hace sentir importante cuando necesita de ti. Aquel que estando lejos lo sentiste cerca. Aquel que con su desacuerdo te hace descubrir la verdad. Aquel que sabes que te quiere y siempre te espera. Aquel que siempre te anima a ver lo positivo. Aquel que te quiere como eres animándote a crecer. Aquel que con su necesidad de ti hizo que te sintieras único. Aquellos que con su experiencia interior te ayudaron a conocer a Dios y te anunciaron la buena noticia de que Él es tu mejor amigo y te ama. Autor desconocido

Comienza por hacer de Jesús tu amigo eterno. Y no te cierres a la belleza de la genuina y verdadera amistad. No vivas más solitario. Puedes estar solo, pero no tienes por qué ser un solitario. Sepárate de aquellos amigos que te llevan a la esclavitud y a la soledad interna. Amigos, buenos amigos, pueden ser el inicio de un gran milagro en tu vida, comenzando por el milagro de la salvación que te da tu mejor amigo, Jesús.

Las excusas te paralizan Y hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, un estanque que en hebreo se llama Betesda y que tiene cinco pórticos. En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban

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el movimiento del agua; porque un ángel del Señor descendía de vez en cuando al estanque y agitaba el agua; y el primero que descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba curado de cualquier enfermedad que tuviera. Y estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo: ¿Quieres ser sano? El enfermo le respondió: Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada; y mientras yo llego, otro baja antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla y anda. Y al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y echó a andar. –Juan 5:2-9

Las excusas son el refugio de los que no quieren asumir responsabilidad en la vida. Son las mentiras con que queremos convencernos para no hacer algo o para evadir responsabilidades. Las excusas han existido en la humanidad desde el inicio del ser humano. La excusa de Adán fue “la mujer que me diste”. La excusa de Eva: “la serpiente que creaste”. La excusa del paralítico: “otro me gana”. En esa actitud vemos un estado de conformidad. El paralítico de Betesda podía decir con seguridad que él no podía hacer nada porque siempre otro le ganaba; pero ante Dios no hay excusa que valga. Notemos estas frases típicas que parecen excusas válidas pero en el fondo no lo son. “No tengo tiempo”. ¿Para qué mentir? Muchas veces es lo mismo que decir “no tengo ganas”. Es curioso que la gente más ocupada es justamente la que encuentra tiempo para hacer otras cosas.

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“Mi salud no me acompaña”. ¿Estás seguro? Piensa en los grandes hombres y mujeres de la historia que podrían haber usado esta excusa para no hacer lo que hicieron. “No tengo edad para eso”. Si no tuviste la edad a los veinte, tampoco la vas a tener a los cuarenta. Hay jóvenes de setenta años y viejos de treinta. Solamente es demasiado tarde cuando piensas que es demasiado tarde. “Me falta capacidad”. ¿No será más bien que te falta constancia? Porque la constancia, la perseverancia, es el 90% de lo que después llamamos habilidad. La gracia es hacer trabajar más la inteligencia o capacidad que se tiene. “Tengo mala suerte”. ¿De veras lo has intentado? No busques suerte si no ha habido planificación, optimismo, lucha. Las dificultades hay que aprovecharlas para aprender, y los fracasos, como lección para empezar de nuevo. “Tengo miedo”. La indecisión y el aplazamiento de las decisiones solo hacen crecer el miedo. No hay que dilatar inútilmente lo que sabes que tendrás que enfrentar tarde o temprano. Habla con esa persona, ve adonde tienes que ir, toma esa decisión de una vez. Te sacarás un peso de encima y adquirirás nueva confianza en ti mismo. La próxima vez que seas víctima de esta enfermedad y quieras usar una excusa de estas, piensa primero: “¿A quién quiero engañar?” –Autor desconocido

Excusas son, simplemente, excusas; muchos han paralizado su vida, ministerio, sueños, proyectos y, aun, su familia. “Yo quisiera ser mejor, pero otro me sale adelante”; “si no fuera por… yo sería otro”. Quizás a este paralítico le hacían falta los amigos. Frente a las exigencias de la vida, no hay excusa que valga, porque Jesús está a nuestro lado. Notemos lo que este pasaje dice: “Jesús lo vio”. Él no se oculta de nosotros. Cuando los demás no ven, Él sí nos ve. Jesús sabe toda la trayectoria de nuestra vida. Cuando Jesús lo vio acostado

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allí, supo que ya llevaba treinta ocho años enfermo; por eso no vale la excusa, porque Él lo sabe todo. Jesús no nos fuerza, sino que nos pregunta: “¿Quieres ser sano?” ¿Por qué esa pregunta?: porque muchos no quieren ser sanos ni salvos. Jesús respeta nuestras decisiones. Él no gasta tiempo con nuestras excusas. Frente a la excusa del paralítico le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. En solo un instante, Jesús hace con tu vida lo que nada ni nadie más puede hacer. “Y al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y echó a andar”. No vivas de excusas, vive la realidad. No es por tu hijo, ni por tu mujer, ni por tu esposo, ni por tu suegra ni por el gobierno. Es tu responsabilidad. Jesús está cerca de ti para que comiences a andar en un nuevo sendero.

La dependencia de otro te paraliza Y cierto día Pedro y Juan subían al templo a la hora novena, la de la oración. Y había un hombre, cojo desde su nacimiento, al que llevaban y ponían diariamente a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban al templo. Este, viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar al templo, les pedía limosna. Entonces Pedro, junto con Juan, fijando su vista en él, le dijo: ¡Míranos! Y él los miró atentamente, esperando recibir algo de ellos. Pero Pedro dijo: No tengo plata ni oro, mas lo que tengo, te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazareno, ¡anda! Y asiéndolo de la mano derecha, lo levantó; al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza, y de un salto se puso en pie y andaba. Entró al templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios. –Hechos 3:1-8

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Muchos viven de limosnas en la vida, cuando tienen la posibilidad de vivir en plenitud. Vivir dependiendo de otro te puede paralizar de flojera: ¿Has oído Los diez dichos del flojo? Bueno, acá están para que no caigas en ellos. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

Se nace cansado y se vive para descansar. Ama tu cama como a ti mismo. Si vez a alguien descansando, ayúdalo. Descansa de día para que puedas dormir de noche. El trabajo es sagrado, no lo toques. Aquello que puedas hacer mañana, no lo hagas hoy. Trabaja lo menos que puedas, lo que tengas que hacer que lo haga otro. 8. ¡Calma! Nunca nadie se murió por descansar. 9. Cuando sientas deseos de trabajar, siéntate y espera que se te pase. 10. Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos. La dependencia en cosas o personas te roba la oportunidad de desarrollar el potencial puesto por Dios dentro de ti. La dependencia te lleva a vivir de limosnas cuando la fuente de la vida está más cerca de lo que crees. La Biblia dice que este paralítico esperaba recibir algo de ellos. Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro, mas lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazareno, ¡anda!” Y él “de un salto se puso en pie y andaba. Entró al templo con ellos, caminando, saltando y alabando a Dios”. No mires lo que no tienes, mira lo que puedes tener. No extiendas tu mano hacia arriba, sino las palmas hacia abajo. No creas que si no tienes no lo logras, lo logras porque no tienes.

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Dios no te hizo para estar sentado en la acera, sino para que entres al templo, caminando, saltando y alabando a Dios. Como este paralítico, hay muchos sentados a la puerta del templo, pero eso no cambia nada. Muchas cosas te pueden paralizar, pero hoy puedes andar. No dejes que la soledad, las excusas o la dependencia de cosas y gente te limiten. Dios tiene preparado para que comiences una nueva etapa en tu vida. Él no te hizo con parálisis mental, emocional, física o espiritual. Permite que el más grande milagro de la vida te toque hoy. Este puede ser el primer día en que te levantes de una parálisis física, emocional, ministerial o familiar, para lanzarte a un nuevo horizonte donde podrás ver el resplandor de la gloria de Dios en tu vida. Fuiste hecho para las alturas, no para vivir en las sombras del valle de la muerte de tu pobre y triste parálisis. Jesús te dice hoy: “Levántate, toma tu lecho y anda”. Fuiste hecho para ser un líder genuino y no uno de papel con pies de barro.

Reflexión • ¿Cuál ha sido tu excusa más frecuente? • Los amigos que te animan, aconsejan y fortalecen son (pon sus nombres acá): • ¿De quién estás dependiendo para hacer la obra de Dios?

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capítulo 12

eSter, MuJer De FiBra Y alMa

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uchas mujeres se han sentido esclavas de las circunstancias, eventos o personas, aun cuando lo que las rodeaba fuera un palacio; otras, viviendo en circunstancias de conflicto y escasez se han sentido reinas. Todo depende de lo que hay dentro. La Biblia, en el libro de Ester en el Antiguo Testamento, nos habla de dos mujeres que vivieron en el mismo palacio y fueron esposas del mismo rey, la una era reina y la otra, esclava. La reina Vasti se sintió y actuó como esclava y terminó siendo excluida del reino y separada de sus oportunidades. La otra, Ester, era una mujer al servicio del rey, pero se sintió reina y, finalmente, llegó a serlo, al punto que todo un pueblo fue librado de la muerte por la actitud de esta mujer. El libro de Ester nos narra toda esa experiencia. Necesitamos aprender de la devoción, la sensibilidad, la perseverancia, la consistencia y la entrega de muchas mujeres, como aquella Ester. Regularmente a las mujeres, cuando toman una visión y la pasión se apodera de su corazón, pocas cosas las detienen. Hay en ellas esa fibra de madre, que daría su vida misma por un hijo, que envuelve todo lo que las apasiona. He visto mujeres

esteR, MujeR de fIbRa y aLMa

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en el liderazgo tan aferradas a su pasión que nada las detiene. Ester Dávila, una pastora nicaragüense que conocí, fue una de ellas.

¿Quién fue Ester Dávila? Ella empezó su relación con Jesucristo en el año 1966. Su esposo la había abandonado con sus tres niños entre los cinco y ocho años de edad. Abrazó la fe en Jesucristo con entrega profunda y no se conformó con ser una simple espectadora. Comenzó su trabajo de evangelización por las calles de San Marcos, Carazo, y muy pronto el liderazgo de la Iglesia Cuadrangular de Nicaragua vio en ella un potencial profundo y la envió a pastorear una pequeña congregación en San Marcos. Sirvió en el pastorado por más de veinte años. Ester sirvió al Señor en Nicaragua en el tiempo de la guerra civil, de 1978 a 1986, con una llama evangelizadora en medio de limitaciones increíbles y escasez. Para Nicaragua esa fue una época de crisis política y social durante la cual, en los inicios de la guerra civil, aun la Iglesia cristiana sufrió persecución y muchos experimentaron serias pérdidas. Ester, sin involucrarse en aspectos políticos, se convirtió en un agente de cambio rescatando vidas y entrenándolas para el ministerio. Abrió cerca de diecisiete iglesias en el departamento de Carazo, y formó a más de veinte hombres para el pastorado; muchos de ellos hoy son líderes en Nicaragua. Nada la detuvo. La característica particular de su ministerio era la evangelización de comunidades enteras. Movilizaba su iglesia algunos sábados al mes y, mientras evangelizaban, algunas mujeres cocinaban para alimentar a los evangelizadores; al final del día escogía una de las casas que se habían mostrado receptivas al evangelio y pedía a la familia que le permitiera tener un culto semanal allí,

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aun cuando no se hubiesen convertido. Si la familia consentía en hacerlo, escogía a uno de los jóvenes que iban con ella y lo nombraba pastor de esa iglesia (aunque no había iglesia, pero ella así lo veía); luego los seguía entrenando y desafiando, hasta que la gente que se convertía en los próximos meses se añadía a la congregación. Juan Mercado fue uno de esos jóvenes. Ester lo había ganado para Cristo en un bar. Ella entraba a los bares donde Juan estaba y se sentaba a la mesa mientras él tomaba cerveza, y allí lo evangelizaba. Juan se entregó al Señor y, al correr el tiempo, ella lo nombró pastor en una comunidad que evangelizaron. Poco tiempo después, Juan Mercado regresó del lugar que ella le había asignado con su maleta en la mano. Ester le preguntó para dónde iba. Él le respondió: “yo no sirvo para esto. Renuncio y regreso a mi casa, vengo a decirle que me vine del lugar donde usted me dejó”. Ester, con autoridad le dijo: “Juan, no sea cobarde, regrese al lugar donde lo dejé. Yo soy una mujer y nunca he huido de los retos que Dios me ha dado. Regrese y siga en donde lo puse”. Juan Mercado regresó sumiso al lugar y, finalmente, se fundó una iglesia en esa comunidad. Hoy, Juan Mercado, es un líder nacional en Nicaragua. Gracias a Dios, Ester fue muy respetada por el liderazgo y la Iglesia de Nicaragua y no tuvo oposición para ser líder. Aún recuerdo cuando recién llegué a Nicaragua a trabajar y ella era Supervisora de Región y parte de la Directiva Nacional. Llegaban cartas de pastores solicitando dinero a la Directiva Nacional para construir locales o poner el techo, y ella cuando se leían esas cartas decía: “No entiendo a estos hombres… Yo he construido varios locales en tiempos de guerra sin pedirle dinero a nadie, y estos solo piden y piden, en vez de depender de Dios. Si Dios nos llamó Él nos provee”.

Ester, mujer de fibra y alma

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Ester capacitaba a sus líderes con lo más básico que uno pueda pensar. Aunque no era una capacitación profunda, sí era un entrenamiento de fe, dependencia de Dios, visión, fuego evangelizador y proyección. Su relación con los pastores veteranos fue de mucho respeto, aunque ella misma era en sí una veterana. El día que asistí a su funeral le dije a los presentes: “Nicaragua necesita, por lo menos, veinte hombres con la fibra y el corazón que tuvo Ester para hacer lo que ella quiso hacer y no pudo”. Los hombres necesitamos aprender del corazón de las mujeres de fe, visión y desafío. Sé que Ester Dávila entendió que Dios tenía planes para ella y un propósito claro, y fue precisamente en ese sendero que caminó. Ese propósito divino para ella fue la llama que la mantuvo en constante relación con Dios y con sus discípulos. Sencilla, sin educación y pobre, pero con una visión amplia y un corazón lleno de pasión por la gente. Ese es el legado que Ester Dávila dejó para los muchos líderes que hoy son instrumentos de Dios en Nicaragua. Ellos aún la recuerdan como la mujer que los desafío y los envió a la mies con las manos vacías pero con el corazón lleno de pasión. Hoy, ellos sirven a Dios como pastores trayendo con regocijo las gavillas. Sé que un día ella nos esperará en el cielo y recibirá a sus discípulos para decirles: “lo hiciste bien, ven conmigo y esperemos que el Príncipe de los Pastores te diga: ‘Ven buen siervo fiel… en lo poco haz sido fiel en lo mucho te pondré’”; y quizás cada uno de ellos con lágrimas en los ojos le diga: “Pero hermana Ester… venga conmigo, porque solo soy una extensión de su vida y ministerio”.

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Una mujer que admiro He pedido a mi esposa, Alva, que comparta como mujer lo que ella captó en Ester Dávila las veces que tuvo la oportunidad de ministrar a su lado. Alva de Contreras: “Ester Dávila, mujer que admiro, aun cuando no está en esta Tierra con nosotros. Estuve a su lado en varias ocasiones y puedo decir que enfrentó momentos de soledad, escasez, tristezas, luchando sola por levantar a sus hijos, y sin recibir el apoyo que toda mujer necesita de un hombre en el área emocional, espiritual y física; también derramando lágrimas por las ovejas rebeldes de su congregación. Tuve la oportunidad de orar con ella y por ella; y, aunque no poseía aquellas cosas que toda mujer anhela tener en su hogar, ella siempre tuvo un lugar en su rancho y un plato de comida para los que la visitaban. Como mujer supo depender de Dios y esperar en Él a pesar de las vicisitudes que enfrentó, y amó a Dios hasta el final. Su mayor preocupación, no fue vestir elegante, figurar entre las gentes, llevar atuendos femeninos ni tener un leguaje sofisticado, sino amar a Dios por encima de todo y llevar a la gente a conocerlo a Él. Fue incansable. Aun en su lecho de enfermedad la escuché alabar a Dios por todo y testificar de la manera milagrosa cómo Dios le proveía para todas sus necesidades. Pude experimentar el amor de Dios a través de ella cada vez que ministré en su iglesia y cuando estuve a su lado”. Quiera Dios que vivamos de tal manera que la visión y la pasión por la gente nos abracen de la misma forma que a Ester. A continuación presento algunos chispazos que resumen la pasión y la visión que impregna a los líderes genuinos. Los líderes

Ester, mujer de fibra y alma

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de papel con pies de barro no calibran en sus propias vidas estos chispazos. La visión es una semilla plantada por Dios en el espíritu de un siervo humilde y obediente. Jamás se establece en la arena movediza del deseo egoísta del siervo, sino en el terreno sólido del Dios vivo. Es un panorama claro de lo que Dios quiere y cuando Él lo quiere. Los visionarios ven lo que los mediocres no ven. El visionario ve todo el tapiz de su vida desde el ayer hasta el hoy, y levanta su mirada segura hacia el mañana. La visión de Dios nunca busca la aprobación de la mayoría, sino que se mueve en la minoría, porque son menos los que ven y muchos los que no creen. Un líder sin visión no es líder, la visión sin un líder no palpita. La visión no siempre produce iglesias grandes e iglesias grandes no siempre tienen visión. Cuando la visión es bien presentada al pueblo hace desaparecer la duda y el temor. La visión que viene de la mano de Dios no está limitada ni por el espacio, ni por el tiempo ni por los recursos. La visión que mucho se publica termina adormeciendo la mente y el corazón del pueblo. La visión no es sostenida por palabras, sino por hechos concretos y sólidos. La visión que no nace de Dios, entusiasma al líder y al pueblo por un tiempo, pero luego se torna tediosa y aburrida. La visión de Dios siempre desnuda para luego vestir de humildad y sencillez. A la visión de Dios algunas veces la rodean los hosannas y otras veces los crucifícale. El visionario necesita estar dispuesto a ser lanzado al foso de los leones o crucificado en el monte Calvario. La visión que solo enfatiza la riqueza y el dinero es visión bancaria. La visión que enfatiza el corazón y la sencillez es visión vicaria.

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La visión se convierte en una razón para vivir. Pero cada vez que Dios da una visión, sobran quienes quieren matarla. El proceso de una visión siempre tiene una etapa de muerte seguida de una resurrección. O vivimos en la visión o morimos sin visión. La visión en el líder no es una opción, es una viva relación. El líder que no incorpora valores en su vida no podrá hablar de visión, porque la columna vertebral de la visión son los valores.

Que Dios te ayude a vivir cada día en la visión que permanece porque nace directamente de su corazón.

Reflexión • ¿Una visión venida de lo alto impregna lo que actualmente haces? • Escribe la visión que te impulsa, te desafía y te apasiona para los próximos cinco años. • Escribe acá una oración dirigida a Dios acerca de esa visión.

Ester, mujer de fibra y alma

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capítulo 13

la ÚltiMa tentación

L

a prensa la divulgó. Los grupos religiosos se escandalizaron. Los productores de cine la lanzaron con satisfacción. Muchos la ignoraron; y, otros, con curiosidad acudieron a verla. Era la película La última tentación de Cristo que estaba en las pantallas en casi todo el mundo. Pero, más allá de la película, en realidad ¿cuál fue la última tentación de Jesús? Nadie lo sabe, pero la Biblia sí habla de la primera tentación de Jesús. Es la gran tentación, porque es la única registrada con detalles en las Escrituras y es, sin duda, el resumen de toda una confabulación sin éxito lanzada contra el Hijo de Dios. De esa tentación podemos rescatar bellas joyas que nos ayudarán a enfrentar nuestras tentaciones personales. Podemos asegurar que la diferencia entre la primera y las demás tentaciones no fue muy grande, ya que el tentador no tiene muchas variantes, él varía las formas pero el fondo siempre es el mismo. “Hermano, yo no quería caer, pero la tentación fue tan fuerte que no pude soportar”; “Dios sabe, que yo no quería, pero no pude…”; “esa tentación estuvo más allá de mis fuerzas”. ¿Le suena familiar?

La úLtIMa tentacIón

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¿Jesús fue tentado? La Biblia dice que Él fue “tentado en todo como nosotros, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). Veamos: Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. El tentador se le acercó y le propuso: –Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan. Jesús le respondió: –Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo: –Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está: “Ordenará que sus ángeles te sostengan en sus manos, para que no tropieces con piedra alguna”. –También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios”–le contestó Jesús. De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor. –Todo esto te daré si te postras y me adoras. –¡Vete, Satanás! –le dijo Jesús–. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”. Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle. –Mateo 4:1-11 (NVI)

Mateo, Marcos y Lucas hablan de la tentación de Jesús. Ninguno de ellos estuvo presente. Entonces, ¿cómo lo supieron? Sin duda Jesús mismo lo reveló como una lección importante que todo aquel que quiere servir a Dios necesita entender. Comprendamos algunas lecciones prácticas sobre la tentación:

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Tentado con doble propósito No hay tentación sin propósito. Toda tentación tiene un doble propósito. Uno negativo y otro positivo. Propósito negativo: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto. Allí estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo” (Lucas 4:1-2 NVI). El Señor, primero, fue bautizado y lleno del Espíritu. El evangelista Marcos agrega que “Enseguida el Espíritu le impulsó a ir al desierto”. El hecho de que la tentación vino inmediatamente a su bautismo y llenura tiene un profundo significado. El tentador buscó la oportunidad para obstaculizar la realización de la tarea confirmada para Jesús en el bautismo. La tarea de un ministerio lleno del Espíritu. El tentador trataría de derrotarlo para llevarlo a la desobediencia a Dios, y así convertir su tarea encomendada en una misión imposible. El tentador, como lo hizo con el Señor Jesús, siempre quiere llevarnos a la desobediencia, a vivir fuera de los principios de Dios. Propósito positivo: “y fue llevado por el Espíritu al desierto”. Allí fue tentado. La gran pregunta es: “¿por qué el Espíritu lo llevó allí donde sería tentado?” Nunca olvidemos dos cosas: primero, Dios controla todo lo que ocurre y, segundo, las pruebas, tentaciones y crisis son herramientas en sus manos para construir el carácter de sus hijos. Toda tentación tiene, además de un propósito negativo diseñado por el tentador, un propósito positivo permitido por Dios. El propósito positivo se contempla cuando recordamos que Adán perdió su libertad, su propósito en la vida y su pureza

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en una tentación en el jardín, según el libro de Génesis; y Jesús, como el segundo Adán, venció la tentación en un desierto. El primer propósito positivo fue recuperar en un desierto lo que el primer hombre, al ceder a la tentación, perdió en un jardín. Una tentación no es tan mala cuando se ve desde la perspectiva de Dios. Vencer la tentación diaria puede ser el camino para recuperar lo que perdimos en circunstancias mejores por nuestra desobediencia. Alguien una vez me preguntó: “¿Hay una segunda oportunidad con Dios? Porque yo una vez cometí un terrible pecado y no me puedo levantar”. Le contesté: “Nuestro Dios es Dios de oportunidades. Hay una segunda oportunidad. Quizás lo que perdiste en el jardín vas a tener que rescatarlo en el desierto de la soledad, la sequedad, el dolor y la pena, pero allí puedes vencer y recuperarlo”. El paraíso se perdió en un jardín y se recuperó en un desierto. Scroogie

Cuando la Biblia dice que “fue llevado… para ser tentado por el diablo”, la palabra tentado en griego es peirasthēnai (πειρασθῆναι) que sugiere “propósito”. Jesús experimentaría de esa manera que el Espíritu no solo nos guía a cosas buenas, sino también a confrontar las cosas malas. Hay cosas malas que se tienen que confrontar y, a veces, la tentación experimentada es una oportunidad no para caer en las cosas malas, sino para confrontarlas; y no hay mejor manera de hacerlo que con un definitivo y rotundo no. Probablemente en tu mente dices: “Espere un momento. Me dice que el Espíritu llevó a Jesús para ser tentado, y ¿cómo se

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concilia esa declaración con la expresión de Santiago 1:13 que dice: “Dios no puede ser tentado por el mal y ni él tienta a nadie”? No es una contradicción ya que el verbo tentar, en griego peirazō (πειράζω) es usado en dos maneras, en un sentido malo y en un sentido bueno. Un sentido malo cuando alguien, como el tentador, tienta para hacernos desobedecer, y en un sentido bueno cuando Dios nos prueba para revelar y desarrollar nuestro carácter interno. Porque Dios es soberano, en última instancia, Él está en el control. Un mismo evento puede ser una tentación del tentador y, a la vez, una prueba divina para revelar y desarrollar nuestro ser interno. Un ejemplo de todo esto es el caso de José, en el libro de Génesis, cuando sus hermanos, que planearon matarlo, decidieron venderlo a una caravana de mercaderes y, finalmente, terminó en la cárcel por no ceder a la tentación. Al pasar los años y encontrarse con sus hermanos, José declaró estas poderosas palabras: Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas. Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. –Génesis 45:4-5; 50:20 (NVI)

Esta fue la clase de tentación o prueba que Dios Padre permitió en su Hijo Jesús en el desierto, así como probó a Adán en el jardín y falló, y como probó al pueblo de Israel por cuarenta años y también falló. Jesús fue probado por cuarenta días, no en un jardín sino en un desierto, y venció, recuperando así lo perdido. De la misma manera puedes vencer en el desierto de tu vida lo

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que perdiste en el jardín de la prosperidad, éxito o buena familia. Puede ser tuyo otra vez si vences. Examínense para ver si están en la fe; pruébense a sí mismos. ¿No se dan cuenta de que Cristo Jesús está en ustedes? ¡A menos que fracasen en la prueba! Espero que reconozcan que nosotros no hemos fracasado. Pedimos a Dios que no hagan nada malo, no para demostrar mi éxito, sino para que hagan lo bueno, aunque parezca que nosotros hemos fracasado. Pues nada podemos hacer contra la verdad, sino a favor de la verdad. De hecho, nos alegramos cuando nosotros somos débiles y ustedes fuertes; y oramos a Dios para que los restaure plenamente. –2 Corintios 13:5-9 (NVI)

Tentado en la autodeterminación “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:3). En Mateo 4:2 dice que “después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre”. Sin duda estaba cansado, débil y hambriento. Una persona hambrienta tiene solo una cosa en mente: comida. Cuando el tentador le dijo “Si eres Hijo de Dios” no implica que lo estaba tentando para probar si realmente lo era, porque Satanás lo sabía. Era un si de asumir y no de dudar. Es como si yo te dijera: “Si estás yendo a la cafetería, por favor tráeme un café capuchino”. El tentador de esa manera le decía: “Si eres hijo de Dios… usa tu poder y produce comida, no tienes que esperar hasta el final, tienes el poder y la habilidad para hacerlo ahora y a tu manera”. Eso sería autodeterminación, independencia y voluntad propia. Es la primera tentación a la cual estamos sometidos cada día: no depender de Dios; lo sabemos todo; tenemos experiencia y habilidad. Gracias a Dios Jesús no cedió, sino con

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autoridad le dijo: “Escrito está: ‘no solo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”, citó Deuteronomio 8:3. Luego Mateo 4:11 dice: “El diablo entonces lo dejó; y he aquí, ángeles vinieron y le servían”. ¡Qué hermoso cuadro! Jesús no dijo: “El Mesías o el Hijo de Dios (refiriéndose a él) no solo de pan vive”, Él se identificó con la raza humana y declaró: “No solo de pan vivirá el hombre”. Estaba diciendo: “yo soy uno de ellos”. Nuestro desafío es vivir para Dios y no movernos en la autodeterminación, sino en la dependencia de Dios. Muchos líderes de papel con pies de barro son autodeterminados. Se olvidan que dependen de Dios. Los líderes genuinos consultan todo con el Padre.

Tentado en la presunción “Entonces el diablo… le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: ‘a sus ángeles te encomendará’” (Mateo 4:5-7). Jerusalén en ese tiempo se miraba como el centro del mundo, y los judíos creían que el templo estaba en el centro de la ciudad, que era a su vez el centro del mundo. No había pináculo en el templo de Jerusalén, se sugiere que más bien lo llevó a una parte alta del templo. De esta manera tentó a Jesús para que usara la presunción al lanzarse, y así forzar la mano de Dios para que lo salvara. Los judíos amaban las señales y milagros espectaculares, y esa era una oportunidad para que Jesús presumiera en cuanto a cómo Dios lo amaba. Con autoridad Jesús le dijo: “No tentarás, o pondrás, a prueba al Señor tu Dios”, citó Deuteronomio 6:16.

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Los hijos de Dios no podemos caer en la tentación de querer que Él haga los milagros que a nosotros se nos ocurran y asumir el papel de hijos presumidos que a veces hasta dan órdenes a Dios. Con su actitud Jesús nos enseña que Dios es Dios, no puede ser manipulado por su pueblo ni con oraciones, ni con ofrendas ni con servicios que le hagamos. Estamos acá para servirlo a Él. Dios no es nuestro sirviente. No podemos usar nuestra tarjeta de crédito para comprar lo que queremos mientras decimos muy religiosamente: “Dios me respaldará”; “no me dejará avergonzado”; “el proveerá”. Eso es presunción. Líderes de papel con pies de barro toman caminos de presunción y luego esperan que Dios los respalde. Líderes genuinos se mueven con seguridad, pero con temor a Dios.

Tentado en la seducción La tercera tentación estuvo ligada a la seducción. “… le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras” (Mateo 4:8-10). Le desplegó una visión panorámica de todos los reinos de la Tierra. Cuando Mateo dice “le mostró” usa la palabra deiknymi (δείκνυμι) que algunas veces tiene la connotación de “explicar, demostrar o convencer”. El tentador tratará de convencer. Pero si estamos seguros de en quién hemos creído, venceremos. Le mostró “los reinos del mundo y la gloria de ellos”. La palabra gloria es en griego doxa (δόξα) que significa poder, influencia y fama. ¿En qué consistía esa seducción? En “obténgalo ahora; sin precio; sin sufrimiento; sin esperar; sin procesos; sin caminar tanto. Ahora, solo un gesto de adoración y ¡listo!”

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El “si” que el diablo utiliza aquí es diferente a los otros dos anteriores de los versículos 3 y 6. El “si” del verso 9 en griego es: ean (ἐάν) mientras que en los versos 3 y 6 es ei (εἰ). Este “si” sugiere que Satanás no está seguro de la decisión del Señor, pero piensa que probablemente se arrodillará ante él. Esta seducción es idolatría. Idolatría es todo aquello que le quita el lugar, el tiempo y la prioridad a Dios. Muchos líderes de papel con pies de barro están cayendo en esa última tentación. El éxito los arranca de sus hogares y de su relación con Dios. Sacrificar convicciones por mejoras salariales, puestos políticos o fama es una sutil seducción. El Señor con autoridad contesta: “¡Vete, Satanás! Porque al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás”, ahora cita Deuteronomio 6:13 Es en esta tentación que el Señor lo llama Satanás, que significa adversario. Esta es la primera vez en Mateo que aparece la palabra Satanás. En otras palabras: “eres un adversario y no puedes usurpar el lugar que solo le pertenece a Dios”. Un final de gloria. “… he aquí ángeles vinieron y le servían”. El verbo servían acá es diakoneō (διακονέω) que se traduce como “atender sus necesidades”. Maravillosamente ahora vemos que quien rehusó convertir las piedras en pan, es servido con comida por los ángeles; quien rehusó tirarse del templo para que los ángeles lo recogieran, ahora es atendido por mensajeros divinos; y quien rehusó tener los reinos bajo sutil seducción comienza en el mismo capítulo 4, versículo 17, a hablar del Reino de Dios. No cedas a la última tentación que te vendrá, di no. Cita la Palabra de Dios, mira a Jesús que te contempla en gloria y vive bajo la dimensión del Espíritu, y verás la gloria de Dios cerca de

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ti. Recuperarás lo perdido en el jardín, y los ángeles te servirán y te fortalecerán. Amén. Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón. Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre. –Hebreos 12:2-4

Reflexión • ¿Cuál es tu última tentación más fuerte? • ¿Cómo la estás confrontando? • Escribe una oración frente a tu última tentación:

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capítulo 14

De lo orDinario a lo eXtraorDinario

“M

i vida es un desastre”. Así me dijo un líder de mediana edad que se acercó a mi oficina. Le pedí que mencionara en qué forma era un desastre; y realmente parecía un desorden. Pero cuando comencé a mostrarle que Dios no lo hizo para vivir de esa manera sino para vivir abundantemente, su rostro sombrío tomó fuerza y me dijo: “¿Cómo hago para pasar de mi vida mediocre a una extraordinaria?” Hay cuatro maneras de vivir la vida: • • • •

Pobre Mediocre Ordinaria Extraordinaria

La Biblia nos habla de un hombre llamado Saúl. Él creía que solo servía para buscar asnas perdidas en los montes de Israel. En la búsqueda de estos animales se encontró con Samuel quien lo sorprendió diciéndole que él no estaba hecho para simplemente buscar asnas, sino para ser el rey de Israel. de Lo oRdInaRIo a Lo extRaoRdInaRIo

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Amado siervo de Dios, déjame explicarte en primer lugar cómo es una vida ordinaria, luego te indicaré lo que Dios hace para llevarnos de una vida ordinaria a una extraordinaria y, finalmente, cómo es una vida extraordinaria por la obra de Dios en nuestras vidas.

La vida ordinaria se caracteriza por ciertos indicadores Una vida tras las asnas. “Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve a buscar las asnas” (1 Samuel 9:3). ¿Qué significan las asnas? Son herramientas dadas por Dios para hacernos más llevadera la vida. Sin embargo, hay momentos en nuestra vida ordinaria en los que Dios permite que nuestras asnas (trabajo, familia, salud, casa, vehículo, etc...) se nos pierdan para captar nuestra atención a un nuevo enfoque de vida. Una vida sin fruto. “Y él pasó el monte de Efraín, y de allí pasó a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron” (v. 4). Lo más desgastante es cuando no importa lo que hagamos por encontrarlas, las mismas parecen perdidas definitivamente. Muchas veces por vivir una vida de papel con pies de barro no estamos satisfechos con los frutos logrados. Es como que algo falta. Una vida llena de frustración. “Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará acongojado por nosotros” (v. 5). Frustración es el deseo de volver atrás, rendirse, darse por vencido. No ver el horizonte delante de nosotros. Saúl estaba ya rendido y frustrado, como muchas

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veces nos hemos sentido nosotros. Un sentimiento de pérdida sin recuperación alguna. El siervo de Saúl le dijo que antes de regresar vayan por el camino a casa del profeta y Saúl expresó un nuevo indicador de una vida ordinaria. Una vida con manos vacías. “Respondió Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué tenemos?” (v. 7). Una vida ordinaria no tiene ni siquiera para funcionar en la vida diaria. Faltan recursos de todo tipo. Es como que se nada contra la corriente. Luego que Dios les proveyó qué llevarle al profeta, llegaron a la casa y apareció otro indicador. Una vida sin discernimiento. “Acercándose, pues, Saúl a Samuel en medio de la puerta, le dijo: Te ruego que me enseñes dónde está la casa del vidente” (v. 18). Saúl estaba frente a la casa del profeta y no lo percibió. Terminó preguntándole al mismo profeta dónde estaba el profeta. Cuando vivimos una vida ordinaria con pies de barro, perdemos el discernimiento. No captamos lo que Dios dice, hace o produce cerca de nosotros. Gracias a Dios que Él no nos da la espalda, sino que nos desafía.

Una vida desafiada a lo extraordinario o trascendente Dios siempre nos desafía en el área donde somos débiles. Cuando Dios nos desafía, Él provee. He aquí lo que Dios hace para desafiarnos hacia otro nivel.

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Provee un contacto divino. “… hay en esta ciudad un varón de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino” (1 Samuel 9:6). Cuando Saúl ya casi se rendía Dios usó al siervo como un contacto divino para mostrarle otro camino mejor. Un contacto divino es una persona a quien Dios usa en un momento crítico de nuestra vida para desafiarnos o llevarnos a mirar una nueva oportunidad. Es una herramienta en las manos de Dios para despertar nuestro espíritu dormido. Provee recursos. “Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino” (v. 8). Dios trajo los recursos que hacían falta para que Saúl fuera a ver a Samuel. Dios sabe lo que no tenemos y, cuando Él decide llevarnos a otro nivel, va a producir los recursos de manera milagrosa. Y a veces vendrán de donde menos pensemos. Provee señales del camino. “Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas doncellas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente? Ellas, respondiéndoles, dijeron: Sí; helo allí delante de ti; date prisa, pues, porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto” (vv. 11-12). ¿Decides aceptar el reto y desafío de Dios para pasar de líder de papel con pies de barro a líder genuino y auténtico? Entonces Él te dará señales de que vas por buen camino. Dios nunca te dejará sin información en cuanto al camino real y verdadero. De la misma manera que estas jóvenes lo hicieron con Saúl.

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Provee palabras de seguridad. “Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya llegado, por cuanto él es el que bendice el sacrificio; después de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque ahora le hallaréis” (v. 13). Qué seguridad le dan estas jóvenes a Saúl. Seguro que lo hallaréis. Es la misma seguridad que el Espíritu Santo te dará si aceptas el reto de entrar en el nivel de autenticidad y ser el instrumento ordinario en las manos de un Dios extraordinario. Dios viene al encuentro. “Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando estuvieron en medio de ella, he aquí Samuel venía hacia ellos para subir al lugar alto” (v. 14). Emocionante es saber que Samuel vino al encuentro de ellos. De la misma manera como el padre del hijo pródigo fue al encuentro del hijo perdido. Dios, quien te ama y te llamó, cuando digas: “me cansé de ser un líder de papel con pies de barro, quiero ser auténtico y entrar en lo extraordinario de Dios”, te puedo asegurar que vendrá de inmediato a tu encuentro. Él siempre te ha estado esperando. Seguridad del día. “Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al oído de Samuel, diciendo: Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta mí” (vv. 15-16). Qué hermoso es saber que Dios trabaja anticipadamente. Un día antes el Señor se lo reveló a Samuel. Recuerda, tú no sorprendes a Dios, Él te sorprende a ti. Un día antes ya Él te estará esperando.

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Entrando a lo extraordinario o trascendente ¿Qué pasará cuando decidas pasar de ser un líder de papel con pies de barro a un líder auténtico, aceptes tu realidad y entres en esa búsqueda? ¿Qué hará Dios? Acá está lo que Dios hará contigo. Revelará el corazón. “Y Samuel respondió a Saúl, diciendo: Yo soy el vidente; sube delante de mí al lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón” (v. 19). Saúl llegó a Samuel para que le diera información en cuanto a dónde estaban las asnas, pero Samuel le dijo: “lo que te voy a revelar es lo que está en tu corazón”. Esa es la primera cosa que Dios hará cuando lleguemos exhaustos y frustrados ante Él. Va a correr las cortinas de nuestra alma para que veamos lo que hay dentro. Nuestro corazón es la fuente del fluir del Espíritu, por eso la Biblia dice: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Lo primero que Dios quiere hacer es circuncidar nuestro corazón. Hemos hecho muchas cosas que Dios no nos ha mandado a hacer, y cuando Él revela nuestro corazón caemos de rodillas arrepentidos delante de su presencia. Revelará el destino. “Y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿para quién es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?” (v. 20). Samuel le dijo: “Saúl lo que te angustiaba ya apareció. Pero, mientras tú buscabas asnas, Dios ha determinado que seas el próximo rey de Israel”. Dios le reveló el destino a Saúl. Cuando entres en el kairos de Dios, Él correrá las cortinas de tu corazón, las cortinas de tu destino, y te mostrará todo lo que Él ha preparado para ti. Algo grande viene sobre tu vida. Algo majestuoso y penetrante.

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Nos introducirá a una nueva esfera. “Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los introdujo a la sala, y les dio un lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos treinta hombres” (v. 22). Qué sorpresa para Saúl. Lo sentaron en la cabecera de una mesa especial. El profeta Samuel le cedió su puesto. Saúl se estremeció. Cuando decidas dejar de ser líder de papel con pies de barro, sin esfuerzo, sin competencia, sin angustia, Él te sentará donde nunca imaginaste estar sentado. Sorpresas del trono de Dios. Proveerá porción. “Y dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que te di, la cual te dije que guardases aparte. Entonces alzó el cocinero una espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y la puso delante de Saúl. Y Samuel dijo: He aquí lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta ocasión se te guardó, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y Saúl comió aquel día con Samuel” (vv. 23-24). Dios ha reservado para ti una porción única. Solo para ti. Nadie te la podrá quitar. Viene de la mano de Dios, tus ojos se abrirán de asombro y te darás cuenta de que vale la pena ser un líder auténtico. Pero, de todo este proceso creo que lo más importante es lo que yo llamo: El encuentro clave. “Y cuando hubieron descendido del lugar alto a la ciudad, él habló con Saúl en el terrado. Al otro día madrugaron; y al despuntar el alba, Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y dijo: Levántate, para que te despida. Luego se levantó Saúl, y salieron ambos, él y Samuel. Y descendiendo ellos al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: Di al criado que se adelante (y se adelantó el criado), mas espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios” (vv. 25-27). Lo más importante en esta historia, que es tu historia y la mía, es que Samuel estuvo hasta tarde en la noche y luego se levantó en la madrugada para hablar con Saúl.

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Aun en el camino siguió hablando con él. ¿Qué habló Samuel con Saúl en la azotea y en el camino? Creo que le dio un curso intensivo acerca de cómo pasar de ser un buscador de asnas a rey de Israel. Es lo mismo contigo. Lo más importante es que sepas que Él te espera en la azotea para hablar contigo, tarde a la noche y en la madrugada, acerca de cómo pasar de ser un líder de papel con pies de barro a un líder auténtico y genuino que nace del corazón de Dios. No se es auténtico leyendo libros y oyendo conferencistas, sino estando a solas con el Maestro en la azotea. Luego de la azotea vendrá lo extraordinario: “Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel? (…) Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre” (1 Samuel 10:1, 6). Amado, amada, serás mudado/a en otro hombre u otra mujer. Ya no copiarás, ya no forzarás nada, serás un instrumento de la paz divina y parte de una clase sacerdotal de líderes que Dios está levantando antes del gran derramamiento de su Espíritu que Él traerá en América Latina. Quizá nunca visites un canal de televisión, pero llegarás a donde Dios quiere. Quizá nunca serás aplaudido por multitudes, pero sí aplaudido por Dios. Quizás nunca estarás en un estadio, pero estarás en pueblos y caseríos donde la gente hambrienta espera la visita de un profeta de Dios. Y serás fiel al Maestro en una nueva dimensión, hasta que llegue el día de partir hacia las puertas de los cielos mientras la multitud te espera. Esa multitud que quizás nunca viste acá, la verás allá, y te aplaudirán; y de pronto un silencio se apoderará del ambiente celestial mientras la multitud abrirá un pasillo solemne y, cuando levantes la vista, lo verás a Él en un trono al final del pasillo. Temblarás de solemnidad y, mientras camines

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tímidamente por el pasillo, escucharás su voz como de trueno que te dirá: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré”. Aleluya.

Reflexión • ¿Cómo ha sido tu ministerio hasta ahora? • ¿Qué cosas te mantienen en un ministerio ordinario? • ¿Cuáles desafíos estás recibiendo de Dios en estos últimos meses? • ¿Qué pasos te propones dar en los próximos meses?

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Esperamos que este libro haya sido de tu agrado. Para información o comentarios puedes escribirnos a: Ministerio Renuevo de Plenitud Dr. Serafín Contreras Galeano Correo Argentino Casilla Postal 25 San Isidro (1642) Buenos Aires Argentina [email protected] www.renuevodeplenitud.com

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